Sábado 4 de Junio de 2016
El 'tufo' ambiental de Mancera
José Luis Lezama
No podría decir que
Mancera no entiende el problema del aire en el valle de México. Creo que tiene
elementos para entenderlo, muchos de los funcionarios gubernamentales lo
entienden, mucha gente lo entiende; de hecho no se requiere de un IQ muy
elevado para entenderlo, y también para entender por qué no se soluciona, por
qué los funcionarios, en los últimos 16 años no han sino tomado medidas
cosméticas, por qué no han tomado ninguna de las medidas de fondo que hay que
tomar, si de verdad lo que les importa son los daños que provoca la
contaminación.
A Mancera, y a los que
lo asesoran, lo mismo que a otros funcionarios que piensan como él, les
preocupa que haya Contingencias
Ambientales, porque eso mancha su imagen como los buenos funcionarios que
quieren aparecer ante el público y, sobre todo, ante el electorado del que
dependen para hacer realidad sus grandes o pequeñas aspiraciones políticas.
No les importa los
daños de la contaminación a la economía en su conjunto, a la salud de los
ciudadanos y a los ecosistemas, de los que depende tan dramáticamente nuestra
vida y bienestar. Mancera quisiera seguir proclamando urbe et orbi, igual que sus antecesores, que cada año, a partir de
que llegaron al poder, es mejor que el anterior en términos de calidad del
aire.
Parece
tener muy desarrollado el sentido del
olfato. Dice percibir un tufo
político en el tema de las contingencias ambientales. Le molesta que el
umbral para declarar la Contingencia se haya bajado de 180 a 150 Imecas. Podría
dar un paso más en su “capacidad olfativa”, preguntándose también, si ese tufo
que percibe en el ambiente no es en parte autogenerado, sobre todo a partir de
la confesión pública de sus aspiraciones presidenciables.
Pudiera ser, a nivel
de conjetura, que hubiera algún
componente hediondo en la decisión de
la autoridad federal en bajar el umbral de 180 a 150 para la declaratoria de
Contingencia. Es difícil meter las manos al fuego por las autoridades
federales, las que por cierto comparten con Mancera la voluntad de no tocar a
los grandes agentes generadores de emisiones contaminantes, como diría Efraín
Huerta, Ni con el pétalo de un maguey.
Estaríamos en esa circunstancias ante un ejemplo de que la autoridad no
controla los efectos colaterales de sus propias maquinaciones, una vez que
estas se sueltan al juicio público.
En ese sentido, aún
cuando hubiera habido un Complot de
la autoridad federal contra Mancera, para exhibirlo con la crisis de las
Contingencias, el resultado es finalmente positivo porque, lo que si es cierto,
es que si la declaratoria de Contingencias y su multiplicación, al bajarse el
umbral a 150, daña la imagen de los gobernantes, protege mejor la salud de los
ciudadanos y genera mayor consciencia sobre sus daños.
El
caso de Mancera pudiera ser calificado superficialmente como de delirium tremens. No obstante, me parece
que más bien ha aprendido algo del oficio de la política, en su versión sucia,
y trata de encubrir ineficiencias, sus propios objetivos políticos y su
frivolidad ante los problemas cotidianos de los ciudadanos, aludiendo al viejo
recurso del Complot.
Regresar
el umbral de las Contingencias a los 180 Imecas puede ser bueno para la carrera
política de Mancera, y la de los otros políticos que como él desean fabricar
una imagen pública de funcionarios eficientes y además queridos por su pueblo. Lo que es bueno para los políticos no
obstante, no es bueno necesariamente para los ciudadanos, los ecosistemas y la
economía.
Mancera,
y las autoridades ambientales federales tienen frente a ellos a los grandes
contaminadores actuando en la impunidad: PEMEX con sus combustibles de quinto
mundo, una planta industrial obsoleta con inspectores de la PROFEPA que hay que
revisar su desempeño, grandes corporaciones de propietarios y operadores del
transporte de carga, de pasajeros, de materiales de construcción,
gubernamentales que ‘aprueban’ sospechosamente la Verificación, pero que actúan
como grupos de presión y poder y reciben trato especial; normas ambientales
laxas, fabricantes de automóviles que
producen autos de primera para Estados Unidos y de segunda para México, una
autoridad megalopolitana sin poderes constitucionales ni voluntad para
actuar. En fin, Mancera y sus colegas
federales y del estado de México, todos juntos generadores del tufo político que con tanta “agudeza”
percibe el primero, tendrían que ocuparse y actuar con mayor efectividad, saliéndose
de la farándula política, sobre estas verdaderas fuentes y factores de poder
que son los responsables del tremendo daño que la contaminación provoca.
jlezama@colmex.mx
@jlezama
Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador
El Colegio de México
Doctor en Política Ambiental por el University College London.
Profesor Visitante en
el Massachusetts Institute of Technology.
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