Ver en El Universal:
http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/jose-luis-lezama/nacion/2016/11/6/paris-y-el-apocalipsis-climatico
París y el Apocalipsis climático
http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/jose-luis-lezama/nacion/2016/11/6/paris-y-el-apocalipsis-climatico
París y el Apocalipsis climático
José Luis
Lezama
Un nuevo Apocalipsis
Toda la información que día a día hacen
pública los representantes más destacados de la ciencia climática nos muestran
con fervor la magnitud de la catástrofe
que se avecina. Veamos algunos de estos eventos que parecieran sugerir la idea
de que el Apocalipsis ha empezado ya: el aumento de las temperaturas
oceánicas, con sus efectos en la intensificación de los huracanes; el aumento
del nivel de los mares que amenaza hábitats costeros de humanos y no humanos, poniendo en peligro a los llamados Estados
Islas; el aumento de vapor de agua en la atmósfera asociado con lluvias e
inundaciones; la pérdida de tres cuartas partes del hielo marino en el Ártico
en las últimas 4 décadas; la sequía en California que dura 5 años, considerada
la peor en un milenio; el aumento de concentraciones de CO2 hasta llegar en
2015 a 400 ppm y que serán superadas en 2016, muy por encima de los niveles
pre-industriales de 278 ppm; el pronóstico de un descenso del 67 porciento de la
población de vertebrados al 2020 (Living Planet Report 2016); la
desertificación del Sur de España al año 2100 (Science 28/X/16).
Una especie de discurso de Fin del Mundo se apodera del lenguaje de
los hombres de ciencia. Un tono apocalíptico solo explicable como una
estrategia mediática para enfrentar la enorme resistencia y poder de la
maquinaria industrial que está detrás de las emisiones de gases de efecto
invernadero y la apatía social o desinterés por el destino de la vida planetaria.
La amenaza de la
catástrofe climática está cada vez más presente en la lectura que hacen los
científicos del clima con base las tendencias recientes, sobre todo cuando se
las analiza en el largo plazo. El 2016
es ya considerado el más cálido desde que existen mediciones sistemáticas, el
cual superó al 2015, que había sido el más caliente, que a su vez le había
quitado ese dudoso privilegio al 2014. Sabemos también que el record del año
más caliente le correspondía al 2005, siendo pronto rebasado por el 2010. “Afortunadamente”,
para bajar nuestra angustia existencial,
es muy probable que el 2017 sea más
frío que el actual.
Los medios magnifican este aspecto milenarista del discurso científico
climático. Los datos se muestran contundentes y parecieran respaldar la
cercanía del Juicio Final, una
especie de Año Mil climático similar
al que, según diversas conjeturas, vivió el mundo ante la cercanía del primer
milenio de la cristiandad. Los científicos modernos parecieran, como dice la
leyenda sobre el Papa Silvestre II, estar oficiando la última misa del año 999,
antes de la llegada de la catástrofe. Pero a diferencia de la llegada del Año Mil, los ricos de hoy no están
ayudando a los pobres, liberando esclavos y despojándose de sus bienes materiales
para obtener el perdón; más bien la explotación de la naturaleza y del trabajo
humano, su transformación en desechos, alcanza niveles inimaginables.
La diplomacia climática,
los compromisos nacionales y el clima real
La diplomacia climática vive en el limbo y la
frivolidad, a pesar de su centralidad para la gobernabilidad de un mundo
sumamente confrontado y dividido. El Acuerdo de París fue celebrado como el
gran triunfo de la diplomacia francesa y de las Naciones Unidas. La diplomacia climática
no busca disminuir las emisiones de sustancias tóxicas, no busca estabilizar el
clima planetario, no le interesa gran cosa las medidas concretas en las cuales
se materialicen los ‘ofrecimientos’ de los países para contribuir a disminuir
emisiones.
A la diplomacia ambiental
le importa sobre todo que haya acuerdos,
que los países firmen y ratifiquen. Los países firmaron Kioto, un acuerdo
supuestamente vinculante (en el lenguaje diplomático): nadie cumplió y las
emisiones aumentaron. Estados Unidos no firmó Kioto, no obstante las emisiones
de carbono de su sector eléctrico disminuyeron 15 por ciento respecto al 2005, y
California es líder en energía renovable. China, la Unión Europea y México firmaron Kioto, no obstante sus
emisiones aumentaron. No hubo ninguna instancia internacional con capacidad de
vigilancia y sanción. ¿Qué significa firmar un acuerdo?.
Los Acuerdos de París se firmaron. El 4 de
noviembre pasado entraron en vigor. Este acuerdo no es obligatorio, no tiene
instancias fiscalizadoras internacionales, y a nadie le importa lo que ocurrirá
en el interior de la mayor parte de los países firmantes. Cómo van a cumplir
China, India, Brasil, México, Rusia, países con una institucionalidad precaria
y con democracias fraudulentas; para poner sólo unos ejemplos. Quién los va a
sancionar si no cumplen sus ofrecimientos.
La diplomacia quiere
firmas, acuerdos en donde las naciones del mundo aparezcan en el imaginario, en
los medios, como miembros de una “hermandad universal”, esa constituye la
medida de su éxito. Los resultados reales de los acuerdos, quedan fuera de la
acción diplomática. Solo las conductas ambientales concretas de la gente en su
vida cotidiana, la democracia real, el poder ciudadano y la protesta puede
ayudar al planeta.
@jlezama

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Agrega un comentario aquí.