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La locura climática de Trump
José Luis Lezama
Afortunadamente el presidente
Trump no tiene la capacidad para crear un mundo a la medida de sus caprichos. Y
no lo tiene porque ha escogido al enemigo equivocado: la economía. Todos sus
sueños imperiales se topan con una realidad económica que marcha en dirección
contraria a sus deseos. Pero esta fuerza convincente que es la economía, se
personifica además en poderosos grupos de interés y con una ciudadanía que
tiene en sus manos un peso no menor al de los grupos que lo apoyan.
Es importante, en este contexto,
tener claridad sobre el significado del retiro de Estados Unidos de Los Acuerdos de París, firmados por 197
países y ratificados ya por 147. Aun cuando Estados Unidos sea el segundo más
importante emisor (17.8%) de Gases de Efecto Invernadero (GEI), su salida no
decidirá el futuro de Los Acuerdos,
por diferentes razones, entre las que destacan:
Primero, Los Acuerdos no son obligatorios, por lo que Estados Unidos no
estaba obligado a cumplirlos. Este país no firmó el Protocolo de Kioto, no
obstante, en los últimos años sus emisiones disminuyeron. México si lo firmó,
sin que eso haya provocado ningún beneficio al clima mundial, ni al medio
ambiente nacional. Las ciudades mexicanas están hoy día más contaminadas que
las de Estados Unidos, que no firmó Kioto.
Segundo, existe una tendencia
en el mundo a una mayor inversión en energías limpias, por lo que millones de
dólares se han movido del carbón a las energías alternativas. En Estados Unidos
la industria del carbón solo puede ser reactivada mediante grandes subsidios,
por obsoleta y no rentable.
Tercero, el procedimiento para
que Estados Unidos se retire de Los
Acuerdos tardarán al menos 4 años. Para entonces posiblemente el presidente
Trump habrá dejado la presidencia.
Cuarto, algunos Estados se
plantearán metas ambientales acordes con Los
Acuerdos. Así lo han expresado California y Nueva York, quienes poseen un
producto bruto equivalente a la quinta economía del mundo.
Quinto, el resto del mundo es
responsable de alrededor del 80 por ciento de las emisiones de GEI. Los 197 países signatarios de los acuerdos no
cuentan con obligación, aparte de la moral, para cumplir. La mayor parte de los
países no tienen sistemas institucionales y con mecanismos efectivos de
fiscalización para verificar y sancionar el no cumplimiento de lo ofrecido en
París. Ésta es la verdadera amenaza al clima planetario, más que lo que haga o
diga el presidente Trump.
Que la economía y el mercado
son decisivos lo vemos en China. Este país es hoy día el más importante
inversionista en energía limpia, convirtiéndose en el primer exportador mundial
de paneles solares. La alta rentabilidad y el gran ingreso de divisas que este
sector genera son una contundente motivación para convertirse en ‘líder’ de la
causa ambiental mundial. Mientras tanto, cada vez son más los sectores de su
economía que abandonan el carbón.
Todo esto no significa que el
daño que pueden causar, más que el retiro de Los Acuerdos, las medidas internas que ha puesto en operación el
presidente para ‘suavizar’ la regulación ambiental, para echar abajo el Plan de
Energía Limpia, y el apoyo brindado u ofrecido para la industria del petróleo y
del carbón, no puedan tener un impacto importante en el clima mundial. Se estima
que, si Estados Unidos regresara a su esquema energético de hace algunas
décadas, la temperatura planetaria podría subir en un 0.3 Celsius al año 2100.
La verdad es que el efecto del
retiro de Estados Unidos es más sicológico que real. En parte es para ‘agradar’
a sus votantes; en parte es parea agradecer a las compañías petroleras y carboníferas
que han financiado las campañas políticas de los republicanos; en parte es para
continuar con su política nacional e internacional de amedrentamiento, en su
estrategia para ‘suavizar’ las defensas del enemigo y tratar de imponer sus
condiciones. En los hechos, el ‘principio de realidad’ económica se le impone y
lo va venciendo en cada una de sus locuras.
Todas sus medidas anti
ambientales serán llevadas a las cortes, su apoyo a la industria del carbón no
es económicamente viable, y la permanencia del presidente Trump, que será de 4
años, o a lo mucho de 8, es demasiado corto para hacer efectivas todas sus
febriles amenazas.
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