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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 16 de julio de 2011

La disputa por el Ártico

Reforma

Sábado 16 de Julio 2011

La disputa por el Ártico

José Luis Lezama

El calentamiento global muestra una sorprendente capacidad para unir a las naciones. Las une, por ejemplo, en una inmensa retórica ambientalista que dramatiza sus efectos presentes y futuros sobre la vida, la economía y el bienestar de la población, pero ante lo cual no asumen compromisos reales para conjurar el daño anunciado. Todos los países se muestran ansiosos por exhibir públicamente su compromiso y su vocación ambiental, siempre y cuando no afecte los intereses de sus grandes corporaciones económicas, sobre todo, las que son responsables de los gases que, a decir de los expertos, harán que hierva la Tierra.
No obstante, es tal la capacidad de “comunión” del cambio climático, que ha logrado que países económicamente confrontados, se unan en la codicia por explotar y devastar los recursos que el planeta había mantenido celosamente resguardados en el llamado Lejano Norte, especialmente en la región Ártica y que, por obra del calentamiento, se ha puesto al alcance de sus manos. El Ártico almacena inmensas riquezas naturales que hoy día se han vuelto particularmente atractivas por la demanda creciente de materias primas de una economía mundial incontenible, aún en sus momentos de contracción y crisis. Pero no son sólo las ocho naciones que integran El Consejo del Ártico: Estados Unidos, Rusia, Canadá, Islandia, Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia, quienes se disputan las fortunas del Ártico.
Los estudios de la United States Geological Survey señalan que el Ártico cuenta con una quinta parte del petróleo y el gas natural por descubrir en el mundo. Además, abundan en la región minerales y elementos básicos para la industria moderna como el hierro, el oro, el uranio, el torio y algunos de los llamados metales raros, ampliamente utilizados en la microelectrónica.

El calentamiento está haciendo accesibles y rentables estos recursos que anteriormente carecían de valor económico. El Ártico se está calentando al doble de velocidad que el resto del planeta, y las más cálidas aguas del Pacífico penetran por el estrecho de Behring, haciendo su parte en el derretimiento de esta frágil región. Muchos parecen festejar la entrada en escena de la riqueza del Ártico en el mercado mundial. Las compañías petroleras ven allí un promisorio espacio de negocios; los consorcios mineros británicos y canadienses hacen cuentas de las jugosas ganancias que les depara el futuro; las compañías navieras muestran también su entusiasmo por el creciente deshielo y han empezado a operar en las rutas marítimas del Lejano Norte, esperando que para el año 2030, las aguas del Ártico se abran durante más meses a la navegación comercial. Hoy día, la flota rusa ya transporta materias primas y petróleo por las aguas de Siberia al Lejano Oriente. China, que ha pedido formar parte como observador, lo mismo que la Unión Europea, en los organismos internacionales que tratan de poner orden en las disputas por la atribución de derechos de los territorios del Ártico, posee un enorme interés en los recursos del extremo norte del planeta, operando desde hace cerca de dos décadas un barco rompe hielo llamado el Dragón de la Nieve (Xuelong) y construyendo nuevos navíos de este tipo para acentuar su presencia en la zona. El gobierno de Groenlandia, por su parte, ha decidido relajar sus leyes para favorecer la explotación de los recursos por compañías extranjeras; para estos burócratas, lo único que hay que exigirles a los consorcios internacionales es que prometan que sus operaciones serán “Sustentables”. Todos ellos parecen agradecer al calentamiento global tantas bondades. No ocurre lo mismo con algunas de las comunidades nativas, como es el caso de los Inuit, que verán dañadas sus formas de vida basadas en la caza y la pesca. Tampoco habrá felicidad para los ecosistemas que no sólo resultarán afectados en sus funciones para asegurar la sobrevivencia de las diversas especies que allí habitan, sino también en las que tienen que ver con el papel de los hielos polares para refractar la luz solar y enfriar al planeta, así como su  capacidad para atrapar el carbono que el deshielo amenaza con liberar.
El Ártico representa una enorme tentación para los países que comandan la economía y el comercio planetario. La ruta marítima del Lejano Norte acortaría en una tercera parte el trayecto normal que pasa por el Canal de Suez; a diferencia del Medio Oriente, ésta es una zona con mayor estabilidad política, y es hoy día una área libre de piratas. En una economía mundial luchando por salir de la recesión, con naciones deseosas de superar sus problemas financieros con los recursos naturales casi intactos de esta región, y con la urgente necesidad de los bloques económicos por abaratar los costos de producción para ser más competitivos en el comercio mundial, a quién le importa el acta de defunción que se está emitiendo hoy día al extraer y poner en circulación los recursos del Ártico. Página Internet: www.joseluislezama.com

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