.

.

Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 30 de junio de 2012

Voto y video-poder

Reforma

Sábado 30 de Junio 2012
Voto y video-poder
José Luis Lezama
            En 1960 John F. Kennedy fue considerado ganador del primer debate presidencial televisado en Estados Unidos y, al final, ganó también la presidencia. Nixon, su rival, resultó triunfador para quienes siguieron el debate por la radio. Algunos ven en este triunfo el nacimiento de una época, y la entrada en escena de un nuevo y decisivo factor de poder, la televisión, la cual emergió haciendo gala de su gran potencial para influir en las decisiones electorales y en la vida pública general. Sartori ha llamado a este nuevo periodo de empoderamiento de la imagen, en la que ésta suprime la capacidad de abstracción, de pensar, de decidir reflexivamente, la era de la video-política. Theodore White (The Making of the President, 1960) narró no sólo este experimento de construcción visual de un presidente, sino también toda la campaña de la que fue testigo desde los cuarteles de los dos candidatos.
             White registra el inmenso poder persuasivo de la televisión, pero insinúa también que no todo fue una cuestión mediática en esto que podría ser el inicio de la era de la ‘video-política’, que Nixon no sólo se presentó al escenario televisivo “extrañamente demacrado y pálido” y con una incapacidad para trasmitir corporalmente una imagen convincente, vivaz y dinámica como la que irradió Kennedy la noche del debate. Éste, además de desempeñarse extraordinariamente bien en las pantallas, era portador de un nuevo mensaje, una época nueva en la política y, sobre todo, reflejaba con mayor precisión el cambio generacional que parecía posesionarse material y moralmente de la sociedad americana. Kennedy, de alguna manera, expresaba el desencanto, la sensación de hartazgo y vacío de los jóvenes americanos ante los logros materiales de la modernidad tecnocrática. La rigidez de Nixon no era un simple problema corporal y de imagen televisiva, sino expresión de un desfasamiento con su tiempo, una incapacidad para responder a una época distinta, a una realidad emergente.

En México se discute hoy día sobre el poder de los medios, de la televisión, para fabricar un presidente, necesidades para el mercado, para persuadir y orientar preferencias. Pero lo novedoso en la contienda electoral mexicana no es la utilización de los medios para definir los gustos electorales, sino de las alianzas de los poderes económicos, políticos y mediáticos para movilizar su poder monopólico y llevar a la presidencia y a otras posiciones, a quien no representa a la sociedad y su voluntad, sino la de estos poderes. El monopolio aquí referido no es sólo el de la televisión y los medios, sino el monopolio del poder (económico, político, cultural), aquel que debilita y somete a la sociedad, que se traduce en desigualdad, en pobreza extrema, en falta de oportunidades y bienestar para grandes sectores de la población; que se expresa también en ausencia de una verdadera democracia en manos de los ciudadanos, y en la inhabilitación de estos para ejercer con efectividad sus derechos políticos.
Las revelaciones del periódico británico The Guardian testimonian una de las formas en las que opera este poder para definir y decidir los procesos electorales en México desde la elección del 2006. Documentan una minuciosa estrategia para construir y destruir candidatos y personalidades políticas, para hacer emerger en el imaginario colectivo una idea de lo que es bueno y malo para el país y sus habitantes. Así, subliminalmente, con mensajes insertados discretamente en los programas de mayor rating, penetrando sigilosamente en las mentes, en las emociones, en el “sentir” de la población, los profesionales de la televisión, van acomodando en los gustos, en los sentimientos de la gente, a los personajes elegidos para representar el bien y el mal de la nación. Steven Lukes, señala que el más eficaz y sublime ejercicio del poder ocurre cuando alguien (B), toma decisiones bajo la influencia de otro (A) suponiendo que, al tomarlas, ejerce su libre albedrío, su capacidad de elegir, su libertad. 
Para la jornada electoral de mañana pareciera todo decidido, la profecía televisiva auto cumplida. Pudiera haber sorpresas, ojalá haya sorpresas y los ciudadanos despierten de la somnolencia mediática. En 1988 la manipulación televisiva no fue suficiente para imponer un presidente y se hizo necesaria “la caída del sistema”. En el 2006 la furiosa campaña mediática fue incapaz de darle credibilidad a la elección del presidente. Las actas y las boletas de ese sufragio, que aguardan la improbable autorización de un nuevo conteo, son el símbolo más preciso de la desconfianza en las instituciones nacionales. Existen testimonios que para mañana se movilizarán distintos poderes formales e informales, las corporaciones, los gobernadores, e incluso el narco poder. Urge pues una salida tumultuosa ciudadana a las urnas, un voto y una masiva vigilancia ciudadana, para darle a la elección la limpieza y legitimidad que la democracia y los ciudadanos merecen. www.joseluislezama.com

No hay comentarios: