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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 26 de enero de 2013

'La niebla asesina'

Reforma

Sábado 26 Enero 2013


‘La niebla asesina’

José Luis Lezama


Cuando el invierno hizo su entrada oficial, en los primeros días de aquel diciembre memorable, el frío y la humedad calaban hondo. Una gruesa capa de nieve había cubierto al país, sobre todo su parte sur, dándole al paisaje una delicada escenografía polar. La mañana del 5 de diciembre el rigor del clima invernal causaba severos estragos, el viento parecía estancado, inmóvil, la atmosfera enrarecida; una densa, gruesa neblina se elevaba sobre la ciudad, oscureciéndola minuciosamente. Poco después del medio día, las sombras avanzaban con urgencia, de tal manera que a la hora del crepúsculo la noche se mostraba “unánime”. Aquellos que volvían del trabajo, caminando por sus calles habituales, deambulaban extraviados tratando de encontrar sus casas que la niebla confundía; cuentan algunos que no sólo no alcanzaban a ver las edificaciones de la otra acera, sino que incluso la escasa visibilidad les impedía verse los pies. Salvo el metro, todo el transporte público se había paralizado y los cines y teatros, cancelaron sus funciones; hubo algunos que al ser penetrados por la niebla, no permitían a los espectadores ver lo que ocurría en el escenario. La gente al padecer del frío intenso, empezó a quemar más carbón, y el único disponible en el Reino era uno de mala calidad, porque el mejor se exportaba para procurarle al país las divisas requeridas para el pago de la deuda de la guerra.

Oficialmente se dijo que del 5 al 8 de diciembre de 1952, cuando tuvo lugar la Niebla Asesina de Londres (The London Killer Fog), murieron 4 mil personas; estudios recientes señalan que fueron al menos 12 mil. No obstante, durante los días de mayor concentración de sustancias tóxicas, cuando una capa de smog verdosa y pardusca (Pea Soup) cubría la ciudad con mayor intensidad, los londinenses no parecían darse cuenta de la magnitud del problema. La densa niebla era parte habitual del paisaje, y aún cuando su color ocre y sus molestos olores daban cuenta de algo inusual, la ciudad parecía en calma. En algunas zonas, por ejemplo en el East End, repleto de fábricas y viviendas pobres, la nata de niebla envenenada se mostraba más espesa y amenazante. Un médico del hospital St. Bartholomew hizo referencia a dos eventos que le insinuaron la cercanía de la muerte: los ataúdes escaseaban en los alrededores y los puestos de flores se habían vaciado repentinamente.

A fines de diciembre pasado, la autoridades de Beijing parecían gozosas mostrando al público los datos de sus éxitos contra la contaminación. De acuerdo a sus mediciones, la calidad del aire había mejorado sustancialmente, permitiendo respirar a los habitantes de la ciudad durante 2010 y 2011 el mejor de los aires de los últimos catorce años. Dos semanas después, el catorce de enero pasado, Beijing entró en una de las peores crisis ambientales de su historia. Lo mismo que el Londres de 1952, la ciudad se cubrió de una densa niebla que lo encegueció todo. Los equipos de monitoreo instalados en la Embajada Estadounidense dispararon la alarma: las mediciones registraban concentraciones de sustancias tóxicas de 755 microgramos por metro cúbico, detectándose después en otras zonas niveles de hasta 900. La escala del índice de calidad del aire de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) llega hasta 500, en donde arriba de 300 se considera muy peligroso para la salud. La OMS considera como malsanas concentraciones arriba de 25 microgramos por metro cúbico.

El 30 de diciembre pasado, las autoridades de la ciudad de México saludaron al 2012 como el año con el aire más limpio de los últimos tiempos. No obstante, al mirar al Valle de México desde las alturas, destaca la densa nata ocre que lo cubre. Los inventarios de emisiones dan cuenta de cerca de 3 millones de toneladas de sustancias tóxicas arrojadas a la atmósfera capitalina anualmente. Hace unos años, se detectó la presencia nocturna de trazos de combustóleo en la ciudad, combustible barato prohibido por su alta toxicidad. Al parecer, algunas industrias lo usaban de noche para evadir las inspecciones. Las autoridades ambientales federales señalaron hace poco, como parte de una aberrante normalidad, que 30 millones de habitantes urbanos del país respiran aire infectado.

La información sobre la calidad del aire que brindan las autoridades se recibe sin mayor cuestionamiento. Poco sabemos de los contaminantes tóxicos, de la calidad, precisión, frecuencia y efectividad de la calibración de los equipos de medición de la calidad del aire, que deben ser además inspeccionados y certificados por cuerpos técnicos independientes. De acuerdo a la OMS hoy día la contaminación del aire es una de las 10 principales causas de muerte en el mundo; la revista Lancet estimó en 3,2 millones las muertes prematuras por esta causa. En México son menos ya los que se preocupan por el aire; muchas otras prioridades, algunas consideradas de sobrevivencia, ocupan la atención de gobierno y ciudadanos. www.joseluislezama.com

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