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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 4 de mayo de 2013

La curva Gatsby

Reforma

Sábado 4 de Mayo de 2013


La curva Gatsby

José Luis Lezama



El destino de Jay Gatsby, personaje principal de la novela más famosa de F.S.K. Fitzgerald (1896-1940), seguramente no hubiera cambiado de haber tenido la oportunidad de entender algunas de las causas de su fracaso en su búsqueda del éxito y el ascenso social, leyendo la obra de Thorstein Veblen y la de Pierre Bourdieu sociólogos que, en distintos momentos, escribieron sobre la diferencia entre tener dinero, rodearse de lujos y la posibilidad de entrada y pertenencia a una clase social, como aquella de los ricos de los años veinte, a la que con tanto entusiasmo deseó Gatsby pertenecer. Estos sociólogos le hubieran podido argumentar que más allá de la conquista de la riqueza material, existen elementos de Distinción, códigos, costumbres, conductas, gustos, maneras sociales, formas selectas de consumo, maneras de mesa, que funcionan como elementos de exclusión y de inclusión social, y que se añaden a las obstáculos económicos y a los mecanismos sociales, que impiden romper con las barreras de clase y con el destino social que encadena a los pobres a la pobreza y que perpetúa a los ricos en la riqueza; barreras y obstáculos que hoy día se han hecho tan impenetrables e insuperables, que han empezado a preocupar a la Intelligentsia estadounidense, en la medida que amenaza la sostenibilidad y legitimidad del modo de vida americano y de las sociedades desarrolladas en general.

La suerte de Gatsby y su desenlace trágico, tampoco se hubieran modificado de haber conocido la hoy llamada Curva Gatsby, nombre dado en su honor por Alan Krueger, jefe del consejo asesor económico de la Casa Blanca (http://www.americanprogress.org/events/2012/01/pdf/krueger.pdf), quien a su vez se basó en los trabajos del economista canadiense Miles Corak (http://milescorak.files.wordpress.com/2012/01/inequality-from-generation-to-generation-the-united-states-in-comparison-v3.pdf) para hacer referencia a esa preocupante tendencia existente en los países ricos, principalmente en Estados Unidos, que muestra cada vez con mayor fuerza, una relación negativa entre la concentración de la riqueza y la movilidad intergeneracional lo cual significa que, a mayor concentración del ingreso, como ocurre hoy día en ese país, disminuye notoriamente la movilidad social ascendente. La cancelación de la movilidad, equivale a la eliminación de la principal fuente de legitimidad de todo el sistema social basado en la igualdad de oportunidades que las democracias modernas pregonan. La Curva Gatsby es, de alguna manera, la expresión gráfica de las circunstancias económicas, sociales y educacionales que impidieron a Jay Gatsby alcanzar sus anhelos de grandeza, su intento de penetrar a la clase selecta de los ricos con tradición y clase del East Egg de Long Island, el amor de Daisy y el Sueño Americano que ella representaba en su vida.

Fitzgerald publicó en 1925 el Gran Gatsby, tal vez sin percibir que no sólo estaba dando cuenta de una época de corrupción, decadencia y falso esplendor de la sociedad americana, aquella que floreció en los años veinte, al finalizar la Primera Guerra Mundial, sino que además estaba siendo testigo del acta de nacimiento y defunción simultánea del llamado Sueño Americano. Es posible que tampoco haya imaginado que pudiera estar anunciando, proféticamente, los pormenores de las causas y tendencias que desembocarían en el colapso financiero de 1929; mucho menos de aquel que explotó en el 2008. No obstante, como algunos de sus contemporáneos, seguramente tenía plena consciencia tanto de la falsa moral que alentaba, promovía y explicaba el nacimiento de las grandes fortunas estadounidense de esos años y de las décadas previas, así como del carácter autodestructivo que ese sistema de producción de riqueza traía consigo. El propio presidente Roosevelt, en 1932, habló públicamente del origen dudoso de la revolución y progreso industrial, advirtiendo al mismo tiempo que “la igualdad de oportunidades como la hemos conocido, ya no existe más” y que la economía estadounidense avanzaba o vivía ya en una etapa oligárquica (NYT, 13/10/2012).

La Curva Gatsby y los sociólogos mencionados le diría al personaje de Fitzgerald, que su lectura de los códigos de acceso a la clase y la nobleza fue equivocada; que no basta vestir las más finas camisas compradas en las lujosas tiendas londinenses, ni pasar un verano en Oxford, ni poseer la mansión más lujosa en el West Egg de Long Island, con su inmensa biblioteca con libros sin abrir. Gatsby hubiera necesitado, además, contar con padres, abuelos y bisabuelos ricos, una educación Ivy League, acceso a los hilos e instrumentos desde donde se comandan los destinos de la vida social y desde el que se controla la mano invisible del mercado. Como Bourdieu da a entender, el capital económico y cultural acumulado y reproducido por las generaciones precedentes, son una buena tarjeta de crédito para aventurarse favorablemente por los caminos del éxito social. www.joseluislezama.com

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