.

.

Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

miércoles, 9 de marzo de 2016

Van Gogh. Mirando el mundo desde la locura. J. L. Lezama

Van Gogh

Pienso que no debemos contar  realmente con el doctor Gachet. Primero que todo, él está más enfermo que yo o, al menos, igual de enfermo…Vamos, ¿cuando un ciego guía a otro ciego no caerán los dos en la zanja?

V. Van Gogh a Theo

José Luis Lezama


No fue la inocencia, ni un acto involuntario, algún desliz, lo que llevó al galerista Pierre Loeb, en los días previos a la exposición de la obra de Vincent Van Gogh  de 1947 en París, a pedirle a Antonin Artaud ( 1896-1948) un ensayo sobre la obra de Van Gogh. Diversas posibilidades pueden explicar semejante pedido. Una, quizá la más válida, pudo ser la creencia que para hablar de la obra de un hombre cuya locura era comúnmente aceptada, nadie mejor que otro hombre, un genio también como Artaud, recién salido del siquiátrico. Otra posibilidad es que Loeb haya pensado en mostrar públicamente un simple ‘diálogo de locos’ sobre el acto de la creación, simplemente para ver que resultaba de ello.
De cualquier manera nada será lo mismo después de ver los cuarenta cuadros que integran la exposición que tiene lugar hoy día en el Museo d’Orsay de París sobre la obra de Vincent Van Gogh, puesta en escena de acuerdo a la lectura del texto: “Van Gogh el suicidado por la Sociedad”, que fue la respuesta escrita por Artaud a la insidiosa petición de Loeb.
Artaud propone una desmitificación de la locura de Van Gogh, adelantando, insinuando a veces, una interpretación de su obra basada más bien en lo contrario, su incomparable lucidez, su mirada del mundo radicalmente distinta, su sensibilidad desde fuera del mundo, su contemplación del mundo desde el punto de vista del otro, la supresión del yo, del yo racional, y la entrada en escena de lo irracional y de todo lo que es externo al hombre, al artista en este caso: el mundo de los objetos, de la naturaleza, de los otros. Es la mirada de un mundo que sólo es parcial o momentáneamente racional, de un mundo que no podemos ver porque corresponde a lo que está reprimido,  lo que descansa, tal vez, en el sub-consciente, protegido por muchos guardianes, mitos, soldados, formas diversas del poder.
Artaud propone, alude a una incapacidad, una imposibilidad, una intolerancia de la sociedad, de los hombres de su tiempo para soportar lo que Van Gogh va describiendo, descifrando, haciendo emerger con su obra. Son hechos, cosas, ideas, sueños, mundos que perturban la conciencia de los hombres, cosas que no queremos ver, que no estamos preparados para ver, por ello argumenta que la sociedad, la gente de su tiempo mató, suicidó al artista.
Es ésta la revolución del arte de Van Gogh que interpreta, entiende y nos trasmite Antonin Artaud, quizá en un momento de identificación, de complicidad con el artista, a quien consideró situado en la otra orilla, en una especie de más allá del mundo, desde un posicionamiento ahumano, fuera de lo humano, quizá en los límites con lo que corresponde a los otros, distintos reinos de la naturaleza y la vida.
Artaud no lo dice, no estaba quizá habilitado para decirlo, no era el momento tal vez para decirlo, pero lo insinúa, lo dice a medias, o lo dice parcialmente, de manera incompleta, tal vez equivocada.  Él habla de Van Gogh, de su obra, de sus pinceladas, de sus manos golpeando, dando mazazos, abriéndole heridas a las cosas, personas, naturaleza para hacerlas hablar. Podemos ir más allá, cambiar el juego de palabras de Artaud, corregir su parquedad, o llevar más allá su argumentación y decir que Van Gogh permite a las cosas hablar, libera a las cosas de su inanición y le brinda la posibilidad de moverse, de expresarse, de mostrarse, de enseñarnos su gran elocuencia y su necesidad de comunicarse con nosotros[i].
Van Gogh abre la posibilidad a las cosas y a la naturaleza de comunicarse con nosotros, de mostrar su ser, su razón de ser, sus ‘sentimientos’.  Es esto lo que quiere decir Artaud sobre la grandeza y originalidad de Van Gogh. Pero Artaud se queda en la insinuación,  no lleva su descubrimiento, su intuición a sus últimas consecuencias. Artaud supone que lo que hace hablar a las cosas son las heridas que Van Gogh le propina. No es sólo eso, es que el pintor se coloca en una especie de situación, ubicación trans-especie que le permite ver y experimentar el mundo de una manera distinta. No ve el mundo sólo desde el punto de vista humano, sino desde el no humano, desde la mirada del mundo de las cosas, desde la mirada que las cosas nos lanzan y a través de la cual se quieren comunicar con nosotros y trasmitirnos su ser, su identidad, su belleza.
Por ello la gran elocuencia, la ‘ganas de hablar’ de los cuadros de Van Gogh que con tanta precisión describe Artaud. Un árbol, una silla, un campo de trigo, de flores, una edificación, un cielo de Van Gogh, un autorretrato, no es cualquier objeto, cualquier naturaleza, cualquier humano; y no es, mucho menos la imposición de la mirada humana, individual o colectiva, sobre las cosas y la naturaleza, sino el viaje de vuelta, la mirada de retorno de lo no humano y del otro hacia nosotros. Es ese mundo externo que se abre paso en nuestro mundo, venciendo las resistencias de nuestros mundos, de nuestra mirada, de nuestro dominio de ese mundo, de nuestro yo y nuestra racionalidad.
Van Gogh le permite a las cosas, a los propios humanos fuera de nosotros, a la naturaleza, transitar hacia nosotros, expresarse mas en concordancia con ellas mismas, con su ser, con su libre fluidez y lenguaje, con sus formas expresivas propias. Los rostros de sus cuadros, las formas de los árboles, de las edificaciones, de los campos y del cielo, las nubes, las estrellas, tienen vida propia, se explican y expresan por ellas mismas, proponen su propia locura, más allá de la interpretación del artista, el cual no hace sino liberarlas, allanarles el camino. Artaud se niega a llamarle locura  a esta forma de mirar, percibir, expresar y vivir en el mundo.
A esto se refiere Artaud cuando describe el cuadro El Sillón de Gauguin pintado en Arles en 1888: “De esta manera la luz de la vela se hace oír, la luz de la vela encendida sobre el sillón de paja verde se hace oír, como la respiración de un cuerpo apasionado frente al cuerpo de un enfermo dormido”.

http://joseluislezama.blogspot.mx/
@jlezama2

Información sobre Van Gogh:
http://joseluislezama.blogspot.fr/p/vincent-van-gogh.html



[i] En un artículo igualmente perturbador, How the dogs dream, Eduardo Cohn, de alguna manera situado en el campo de los estudios de Bruno Latour y sus seguidores, analiza la relación de la tribu o comunidad de los Runas, en el Amazonas ecuatoriano, a través de un lenguaje que permite, que sugiere una posible comunicación entre humanos y no humanos. Los animales y las cosas hablan a los hombres, se comunican con los hombres. No son sólo los humanos comunicándose de distintas maneras con los no humanos, sino éstos, dejándose sentir, expresando con diversas formas de lenguaje su deseo, su necesidad de comunicación ‘transfronteriza’, trans-especie, por medio del cual el mundo y las relaciones entre sus criaturas pudiera ser visto, sentido, entendido, más allá de los antropocentrismos, del ‘dominio’ del mundo humano.

No hay comentarios: