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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 26 de marzo de 2011

Hibakushas

Reforma

Sábado 26 de Marzo 2011
Hibakushas
José Luis Lezama


Son los sobrevivientes del bombardeo nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki, testimonio elocuente y consecuencia de uno de los logros más preciados de la modernidad tecnológica. Un Hibakusha no es sólo un ciudadano japonés merecedor de la ayuda del Estado. Es también un nombre aplicable a todos aquellos que han sido o serán afectados por la energía liberada del átomo, aún en escenarios no militares, como es el caso de la generación de energía eléctrica. Hibakushas serían también aquellos contaminados por las radiaciones de los 33 accidentes considerados como graves en las plantas nucleares desde 1952 y del cual Chernobyl es el ejemplo mejor logrado. Los Hibakushas han padecido un gran estigma social: nadie deseaba acercarse a ellos por temor a un posible contagio radiactivo; nadie desearía casarse y tener descendencia con un Hibakusha por miedo a heredarle a sus hijos malformaciones genéticas. Muchos Hibakushas en Japón negaban ser Hibakushas, ocultaban haber sido infectados de radiactividad para evitar discriminación.
       Casi nada de lo que las normas de seguridad recomiendan para el manejo de la energía nuclear se cumplió en Fukushima, localizada en un país altamente desarrollado, tercera economía del mundo y famoso por sus altos estándares en manejo de riesgo ambiental, bienestar y calidad de vida. La mayor parte de los riesgos generados por el complejo nuclear no proviene de los dos fenómenos naturales que golpearon a Japón con fuerza descomunal, sino de toma de decisiones guiadas, preponderantemente, por el beneficio económico y el interés político. Los siguientes son apenas unos ejemplos de los factores que operaron en Fukushima para hacer el manejo de la energía nuclear aún más riesgoso, algo que, posiblemente, se repite en muchas de las 442 plantas nucleares que operan en el mundo.
La tecnología de la planta nuclear de Fukushima fue generada en los años sesenta, con sistemas de seguridad hoy día considerados como precarios. La planta se construyó sobre zona sísmica y las paredes de protección contra tsunamis, de 5 metros de altura, se basó en el registro de estos eventos naturales de los últimos cien años, periodo insuficiente para normar los diseños de los sistemas de protección. Tal y como lo reconoció la propia compañía de electricidad que maneja la planta, no se cumplieron con las inspecciones requeridas durante los diez años que precedieron al temblor. Las barras de combustible gastado se almacenaban en piscinas contiguas a los reactores nucleares, para ahorrar los costos del adecuado tratamiento y disposición final de los desechos radiactivos. El sistema de seguridad basado en la llamada “redundancia múltiple” falló en cuestiones elementales, como fue el caso del sistema de enfriamiento de emergencia que no cumplió su función. Los reactores de principios de los setentas ya están envejecidos y se les prolonga la vida artificialmente. Se denunció la existencia de colusión entre las autoridades encargadas de inspeccionar las instalaciones y los dueños o administradores de las plantas. Se denunció también falta de transparencia y el ocultamiento de accidentes y eventos de riesgo. Por último se ha señalado el peligro adicional que representa la proximidad que poseen los seis reactores que operan en Fukushima.
Todo esto ocurrió en un país de primer mundo. Es importante preguntarse qué pasa en Laguna Verde, en la que operan reactores de la misma familia producidos por la General Electric, los BWR. En Estados Unidos se están sometiendo a revisión todas las plantas nucleares; lo mismo se requiere en México a través de inspecciones y auditorías rigurosas independientes. Los Hibakushas son también advertencia y motivación para corregir y rectificar decisiones humanas con posibles consecuencias fatales. Página Internet: www.joseluislezama.com
            El terremoto de 9 grados que movió 6.5 pulgadas el eje de la Tierra y acortó el día en 1.6 microsegundos, y el Tsunami ocurrido en Japón el 11 de Marzo y, particularmente, los daños provocados en los reactores y la planta nuclear de Fukushima, están produciendo una nueva generación de Hibakushas. En primer lugar, los más de trescientos trabajadores de la planta nuclear que luchan por enfriar los reactores y las barras de combustible usado, quienes han aceptado el alto riesgo de la exposición a las radiaciones. Son estos un grupo de héroes anónimos altamente valorados por el pueblo japonés y conocidos como Los 50 de Fukushima, porque se rotan en cuadrillas de cincuenta. Anónimos por temor al estigma social de los Hibakushas. No obstante, no le temen a la enfermedad y la muerte y, algunos de ellos, no sólo se exponen para salvar la industria nuclear japonesa sino también a sus compatriotas. En segundo lugar, posibles Hibakushas serán quienes reciban algún daño por las radiaciones que aún continúa generándose en Fukushima y que ha puesto a los habitantes de ciudades como Tokio en estado de pánico por el agua y los alimentos contaminados por radiactividad.

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