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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 23 de octubre de 2010

Supervía 2012

Reforma

Sábado 23 de octubre de 2010
  
Supervía 2012
          
José Luis Lezama


Todos los caminos por los que circulan las aspiraciones de los políticos mexicanos de hoy día conducen al 2012. No sólo en las condiciones actuales, sino también en las que surgirán en los próximos meses, no existe vía franca, o Supervía alguna, para asegurar candidaturas, menos aún para garantizar quién, qué partido o alianza se hará del poder en el 2012. La entrada en escena de las aspiraciones presidenciales de Cuauhtémoc Cárdenas en las disputas de la izquierda para definir estrategias y candidatos para la siguiente contienda electoral, así como su aspiración a reivindicar el papel de líder moral, alentando una presunta posición conciliadora y de allí una candidatura de unidad, parece más bien una reiteración de la vocación divisionista de la izquierda. Pero eso es tan sólo el preludio para los pretendientes a las candidaturas de las confrontadas izquierdas, que hoy día se reivindican como la "verdadera" alternativa al desastre político-administrativo que vive el país. Vendrán después las definiciones de los otros partidos, sus estrategias y la respuesta ciudadana a tanta abundancia de aspirantes a salvar la nación.

La Supervía poniente sólo está resuelta en los planos, en los cálculos financieros y en las expectativas políticas de sus promotores. En los hechos es una apuesta peligrosa y no sólo es un riesgo para el medio ambiente, sino también como ruta de acceso a Los Pinos. Por ello lo crucial del manejo político de este controvertido proyecto.


Por lo pronto, el jefe de Gobierno muestra impaciencia, le está incomodando demasiado la resistencia ciudadana a su proyecto vial y político, sobre todo la de los habitantes de La Malinche, quienes no sólo defienden la causa ambiental más amplia sino, su derecho a una vivienda y a disentir de la autoridad. Una pequeña expresión de disidencia como la que tuvo lugar el martes pasado le pareció al señor Ebrard un exceso. Cómo calificaría entonces las radicales y masivas protestas en Francia para oponerse a la intensión gubernamental de retardar la edad de la jubilación. Con su criterio, le parecería algo cercano al fin del mundo. La orden de disolver la manifestación y el envío de los granaderos provocó un número de heridos que a la autoridad le puede parecer irrelevante; mañana la movilización podrá ser mayor, aumentando el peligro de una confrontación social más amplia, si no se pasa de la retórica a una auténtica y justa negociación. La idea que la autoridad perredista ha puesto en práctica de la participación ciudadana y de la relación gobernantes-gobernados no es distinta a la de los gobiernos de otros partidos: se trata de ganar tiempo, de simular el diálogo y al final de cuentas llevar a cabo el proyecto tal y como se lo han propuesto, acompañándolo de unas cuantas promesas, sembrarle árboles a la imaginación, convertir la naturaleza destruida por la obra en un ilusorio paraíso, y demás fantasías.

Por parte de los constructores de la obra y de los empleados públicos involucrados no hay dudas. Los funcionarios transformers, sobre todo los del medio ambiente, que deberían cuestionar la obra ya la avalaron. Algunos de ellos la hubieran criticado fieramente desde sus antiguas posiciones "ciudadanas".

Técnica, financiera y ambientalmente ya están dados todos los argumentos. Los que defienden el proyecto han exhibido con excesos sus bondades. Los que se oponen han rebatido los supuestos beneficios y argumentado sobre el daño ambiental, las consecuencias urbanas y las incongruencias con las necesidades del transporte de la ciudad. La obra en sí tal vez "sólo" provoque la desaparición de unas decenas de miles de árboles, que serán sustituidos con los cientos de miles que desbordan la imaginación de las autoridades. No obstante, las zonas y las tierras por donde pasará la Supervía se revalorizarán, se harán más apetecibles, ocasionando un mayor poblamiento y presión sobre esta delicada y vital zona de la ciudad, fundamental por los servicios ambientales que brinda para el control de la contaminación del aire, para frenar la erosión de los suelos y para la disponibilidad y los ciclos del agua que de allí dependen.

Es precisamente porque ya están todas las cartas sobre la mesa, que la lucha contra la Supervía poniente se ubica en el ámbito político y en dos de sus expresiones, la calle y la movilización ciudadana. La única forma efectiva que tiene el jefe de Gobierno de procurarle un bien tanto al medio ambiente como a sus sueños presidenciales es practicando el más elemental ejercicio de la gobernabilidad, consistente en dejar un poco de oírse a sí mismo y a su eco reflejado en las voces de sus incondicionales y darle un poco de crédito a quienes piensan distinto y alertan sobre los peligros que representa para la viabilidad futura de la ciudad la puesta en práctica de proyectos que, como éste, parecen más sesgados hacia los negocios privados que hacia la búsqueda del bien común.

jlezama@colmex.mx

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