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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 29 de diciembre de 2012

Oscar Niemeyer

Sábado 29 de diciembre de 2012
Oscar Niemeyer

José Luis Lezama
Emergiendo de la tierra rojiza, del vacío y soledad de la sabana, Brasilia aparece como la más acabada realización de un sueño, el sueño de la modernidad, aquel que toma cuerpo en la ciudad, allí donde encarna en todo su esplendor el principio de razón, la modernidad, la ilustración. Es éste un fantasioso imperio que pretende someterlo todo  a la disciplina y control, la eficiencia requerida para hacer redituable el mundo de la producción y rentable la vida cotidiana. Es la domesticación del mundo circundante, de la naturaleza hostil; civilizar con el poder de la razón, con sus principios: la libertad, la igualdad, el libre albedrío y con sus instrumentos: la ciencia y la tecnología.
Brasilia, tal y como la concibió Lucio Costa, es la representación más acabada de la utopía de la modernidad y también de su desencanto, de su pretensión redentora, de la búsqueda de un mundo igualitario, sin pobreza, justo y humano por obra de la magia arquitectónica, de una propuesta de liberación que pareció no pensar en la inseparabilidad y ambigüedad  de una modernidad generadora de riqueza y progreso y de otra que produce pobreza y atraso. Oscar Niemeyer, quien le dio monumentalidad, forma e identidad a Brasilia, percibió esto con claridad. Por ello  no creyó en la capacidad redentora de la arquitectura y del urbanismo, por ello defendió ese espacio de la libertad formal y la búsqueda de la belleza que la creación de su obra le permitía, y por ello también remitió al terreno de la política (de su práctica política personal) y de las reivindicaciones ciudadanas todo aquello que tenía que ver con la liberación material del hombre.
El 5 de diciembre pasado dejó de existir, a los 104 años, después de ser testigo de las promesas y los desencantos del siglo veinte. Un hombre moderno que vivió en rebeldía con la modernidad, que quiso corregirla, que le propuso salidas, que no le permitió sus pretensiones y combatió sus falsas esperanzas, la ilusión de sus promesas.

Brasilia ejemplifica la búsqueda de la eficiencia y la función por la arquitectura y el urbanismo, el desprecio a los excesos y lo superfluo; pero en manos de Niemeyer este principio modernista no capitula ante la simplificación de la forma, la cual es para él sagrada porque conduce a la belleza, que es la verdadera redentora del espíritu, aquella que debe ser convocada por la obra arquitectónica, y también por la ciudad cuando se pretende obra de arte. Niemeyer cuestiona por tanto el principio modernista de la “form-follows-function”, sosteniendo en cambio que la “la forma sigue a la belleza”; descalifica también los trazos rectos, al considerarlos una “restricción autoritaria”, dejándose guiar por los ritmos de la naturaleza, sus ondulaciones, su sensualidad, su erotismo. Esto queda claro desde La Casa de la Danza de Belo Horizonte, en cual el ritmo de la música brasileña se desprende de sus vivientes paredes, hasta el oleaje rítmico del edificio Copan de Sao Paulo. Su búsqueda no es  sólo por anteponer la línea curva a la recta, sino por la liberación de la cárcel rectilínea por medio del trazo libre, la forma que nace del fluir de la imaginación en su contacto con el mundo; su rebeldía es contra el imperio de lo artificial y de la norma autoritaria que restringe el libre fluir del acto creativo.
Aunque no piensa la forma urbana como fuerza transformadora decisiva, si hay una propuesta pedagógica, una voluntad correctiva y una interpelación a lo político en muchas de sus edificaciones. La Plaza de los Tres Poderes, por ejemplo, describe la conducta conservadora de los Senadores mediante un edificio semiesférico que mira hacia abajo, cerrado al mundo. En cambio la mayor apertura que observa en los diputados, lo intenta reflejar con un edificio hemisférico que mira hacia arriba; las dos cámaras, que en su conjunto completan la esfera, dan a entender la complementariedad de las tareas que allí tienen lugar. La armonía misma de la plaza en su conjunto, constituye una señal correctiva a la desarmonía que priva entre los políticos y los poderes en la vida real.
La catedral metropolitana de Brasilia es otro ejemplo de lo mismo. El diseño en forma de corona que se abre proyectándose hacia el cielo, con sus grandes bloques de cristal, se opone a la pecaminosa oscuridad de las iglesias antiguas: la luz que se interioriza en el recinto simboliza una fuerza liberadora, que quiere además generar júbilo y felicidad.
La obra de Niemeyer puede ser vista como un tributo a sus maestros modernistas. Le Corbusier sobrevive a la música, la sensualidad y la libertad formal que Niemeyer le impone. La residencia familiar de Niemeyer, la llamada Casa das Canoas, expresa reconocimiento y gratitud a los modernos que le precedieron; allí se pueden ver juntos, dialogando en las colinas de Río, a Mies Van der Rohe, con su Farnsworth House y a Frank Lloyd Wright con su Fallingwater House. Con él se fue un grande, un pedazo del mundo moderno. www.joseluislezama.com

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