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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 15 de diciembre de 2012

Fin del mundo

Reforma

Sábado 15 de Diciembre 2012

Fin del mundo

Una angustia de fin de mundo parece tocar algunas de las fibras más sensibles en la actual sociedad posindustrial, sobre todo de algunas de las más desarrolladas; una aflicción colectiva con gran resonancia social, extraña en pleno dominio tecnológico, en plena modernidad, cuando la ciencia se muestra orgullosa de sus avances y de su dominio y sometimiento del mundo natural. A tal punto ha cundido el pánico entre algunos sectores de sociedades como la estadounidense que la NASA, principal fuente de autoridad en la moderna interpretación del universo, se ha visto en la necesidad de aclarar, de manera contundente, que no habrá tal fin del mundo, que el planeta luce pleno y vigoroso y que el calendario Maya de Cuenta Larga de 5125, que habrá de concluir el 21 de diciembre del 2012, no significa más que el cierre de un ciclo iniciado en el 3114 AC y el inicio de uno nuevo. Nada hay pues en el universo observable que anticipe algún catastrófico alineamiento cósmico, algún planeta misterioso próximo a colidir con nosotros, ningún agujero negro esperando devorar al sistema solar; nada que temer, nada que justifique esa perturbación anímica colectiva que parece incluso haber contagiado zonas del antiguo imperio soviético. Mientras tanto, sólo “por si acaso”, cientos de atribulados habitantes de este mundo en crisis han elegido a la ciudad francesa de Bugarach, al pie de los Pirineos, para evadir la catástrofe, en espera de ser escogidos para la salvación eterna y entrar así al anunciado reino de Dios.

            La ausencia de un peligro real, de un fin apocalíptico, como el que recurrentemente persigue la conciencia del mundo cristiano, no significa que sea irrelevante hablar de un fin del mundo. Los factores que explican esta creencia o mito no desaparecen con las explicaciones filosóficas, religiosas o científicas. Ni siquiera que el mundo haya sobrevivido a los cientos de profecías que anunciaba su desaparición ha eliminado el arraigado sentimiento apocalíptico, por lo que no puede ser confinado a lo absurdo o irracional. Si el mismo tipo de absurdo, dice Levi-Strauss, refiriéndose a los mitos, se repite una y otra vez, y aparece otro tipo de absurdo en cualquier otro lugar, ello significa que nada tiene de absurdo.
Los mayas no hubieran necesitado de la NASA para convencerse que su calendario de Larga Cuenta, no tenía nada que ver con ningún fin del mundo. Cuando su mundo estaba por colapsar, allá por el siglo X, concluyeron también sus cuentas y registros del universo; doble muerte, la del tiempo y la de su cultura. Los mayas, en plena edad de piedra, sin los modernos instrumentos de los que dispone la NASA, con el simple recurso de su comprensiva mirada, supieron descifrar parte del vasto universo, registraron con precisión los ciclos de la Tierra, la Luna, Venus y Marte, y buscaron ajustar su vida, sus rituales, sus ciclos agrícolas, la alineación y el orden de sus ciudades, de acuerdo a los ritmos celestes.
Pero los mayas no fueron inexpertos en materia del fin del mundo, de cataclismos y otras barbaries, en la medida que los padecieron en distintos momentos, ya fuera entre los siglos IX y X cuando abandonaron las ciudades de su periodo clásico, o en los tiempos de la conquista española, o lo que han vivido sus descendientes contemporáneos, ante el acoso del progreso, los militares guatemaltecos, o el abandono, saqueo y hostigamiento que padecen en territorio mexicano.
            Para algunos estudiosos el fin del mundo es más bien un mito necesario, una creencia que permite a la humanidad cuestionar sus valores y prácticas de vida, pensar en la posibilidad de un mundo mejor, un paraíso sólo posible mediante la expiación de culpas y pecados, a través de la purificación que brinda la catástrofe. El apocalipsis expresaría la eliminación subliminal del mal, de un orden injusto, de un mundo corroído por la pobreza, la corrupción y el descrédito. Nace no sólo de la crisis económica, sino sobre todo de la crisis moral. De alguna manera libera energías, produce esperanza y alivio.
En las cercanías del primer milenio la Europa cristiana se dio a la tarea de limpiar el mundo, de efectuar una purificación terrenal para preparar la venida de Cristo. Por ello se propuso limpiarlo de infieles, eliminando lo mismo a musulmanes, vikingos que a las belicosas hordas húngaras. En las cercanías del año mil el miedo del fin del mundo se había apoderado de Europa (B. McGinn). La crisis que vive el mundo de hoy parece alentar una nueva edición de ese apocalipsis. Millones de habitantes del planeta padecen hambre, la pobreza reina en vastos territorios, incluso del mundo desarrollado, y los gobernantes y las élites económicas y políticas parecen cada vez más reacias a compartir el poder y la riqueza; una requerimiento de limpieza moral, de un nuevo Armagedón parece apoderarse cada vez más de un mundo agotado en sus promesas e incapaz de satisfacer las necesidades y las esperanzas más básicaswww.joseluislezama.com

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