.

.

Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 13 de julio de 2013

Rebelión en la Tribu

Reforma

Sabado 13 de Julio de 2013

Rebelión en la Tribu
José Luis Lezama

Para Roger Suárez Vela, Marco Antonio Olán, Miguel García,  Doña Vidaura de Celis y Doña Dominga Corso, entre muchos otros danzantes, quienes mantienen vivo el espíritu de aquellos antiguos mayas que un día soñaron descifrar el universo, midieron con precisión el paso de los días y dejaron innumerables muestras de su refinada cultura.
En el año 1926 Manuel Bartlett Bautista (1893-1963) publicó un artículo sobre el Dios Pochó, señalando que no quería interpretarlo por no sentirse preparado para ello, por lo que se limitó a describir lo que sus ojos habían visto repetidas ocasiones durante su niñez. Cualquiera que quisiera analizar esta ceremonia llamada La Danza del Pochó mediante la cual, podríamos decir, que la tribu de Los Hombres de Madera (Los Cojoes) se rebelan y liberan de un dios perverso que los oprime y maltrata, deberían leer el texto de Bartlett que la describe con toda precisión.  
Aun cuando lugar de paso para el encuentro con una parte significativa de la civilización maya que floreció en la cuenca del Usumacinta y punto de acceso a la Lacandonia, ninguno de los innumerables viajeros, estudiosos, antropólogos, arqueólogos que, entre otros, cruzaron Tenosique parece haber registrado la existencia de esta danza maya.
Hoy día este ritual liberador, mediante el cual la Tribu de los Cojoes revindica su derecho a la esperanza y a un mundo mejor, amenaza con convertirse, por una parte, en una representación tumultuosa y a veces caótica, de participantes sin rumbo y propósito en donde, ha decir de los viejos danzantes, muchos desconocen los ritmos, la música, los tiempos y los episodios que se representan en cada uno de sus momentos, así como su significado más profundo.
Por otra parte, la otra amenaza es transformar en show comercial permanente un rito sagrado que tiene lugar cada año, del 20 de enero al martes previo al miércoles de ceniza, “para atraer turismo”.  Es decir, degradarlo a actividad mercantil, semejante a ese “turismo ecológico” que se ofrece en el caribe mexicano y otras playas, para nadar montados en los delfines o en los tiburones ballenas.
Existen dos  problemas que deben superarse y que la autoridad estatal, sobre todo el Instituto de Cultura de Tabasco,  debería tomar en cuenta si tuviera voluntad de intervenir para restituirla en sus rasgos originales.
Primero, poner en manos ciudadanas la organización de la danza, sacarla de la autoridad municipal que es transitoria y suele ser caprichosa. Los organizadores deben ser distintos de quienes organizan el carnaval. Al mismo tiempo destinar recursos estatales, federales y de fuentes filantrópicas para promover su estudio, analizar sus orígenes, rescatarla en su integridad y trasmitir su verdadera naturaleza y significado a los numerosos y entusiastas danzantes, entre ellos muchísimos jóvenes que personifican el rito con pasión, pero en ocasiones mal informados de su práctica y significado. Mediante el Pochó, toda una comunidad en la que hoy día priva algo cercano a la desesperanza, halla en la danza un sentido de vida, una profunda conexión con su mundo, su pasado y la grandeza de una cultura ancestral, albergando la esperanza de que una vida mejor es posible.
Segundo, aun cuando está asociada al carnaval, es necesario separarla de él, tanto para su estudio como para su representación. Ceremonias como La Danza del Pochó, el Carnaval y los rituales cristianos, sólo están unidos como parte de la voluntad del conquistador de imponer su poder y su fe. No se trata de desaparecer tradiciones sino de entender  que, de la misma manera que muchos de los templos cristianos se erigieron sobre los basamentos de las pirámides prehispánicas derruidas, un sin número de rituales indígenas también fueron montados o sobrepuestos al calendario cristiano para los fines de la conquista material y espiritual; muchos fueron eliminados, torturando a sus practicantes y otros, asimilados al ritual cristiano. La Danza del Pochó no es un carnaval, es un ritual maya, un acto sagrado, que ha sobrevivido gracias a la voluntad de un pueblo por mantener viva la llama de sus tradiciones prehispánicas; el carnaval es una expresión cultural distinta, otra manera entender y vivir el mundo.
Allí donde tiene lugar este ritual de rebelión y esperanza, Tenosique, hoy día las condiciones de vida se han deteriorado, no hay empleo, no se generan fuentes de trabajo, los jóvenes no parecen tener alternativas, los secuestros abundan, la contaminación de suelos y ríos por el Ingenio y los desechos municipales no tienen ningún control,  los pequeños negocios cierran ante la inseguridad que amenaza a la gente del pueblo y a los migrantes; muchas bandas criminales transfronterizas hallan allí territorio propicio para medrar: la naturaleza que, por decirlo así, arropa y se mimetiza con la danza y que está íntimamente unida con la narración, los personajes, y el vestuario, también muestra los profundos estragos de años de destrucción y abandono. www.joseluislezama.com

No hay comentarios: