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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 10 de agosto de 2013

El milagro alimentario In Vitro

Reforma

Sábado 10 Agosto 2013



El milagro alimentario In Vitro

José Luis Lezama



La idea fue anticipada en 1932 por Winston Churchill en su libro Thoughts and Adventures. Lo que allí dice muestra con claridad una de las expresiones más típicas del pensamiento racional  del actual periodo moderno: la instauración en todos los ámbitos de la vida de una racionalidad eficientista comandada por las necesidades de la  economía, el mercado y la rentabilidad.La propuesta de Churchill es premonitoria. Pone en escena el tema de la moderna producción de alimentos, que junto con la biotecnología, la clonación, la reproducción de la vida y la muerte asistida, encabezan el debate actual.
Este hombre, quien más tarde sería primer ministro en el Reino Unido, personaje emblemático de la política británica e internacional de su época, así como premio nobel de literatura en 1953, reflexiona en su libro sobre una especie de sin razón que observa en el campo de la alimentación: lo irracional de criar animales completos, cuando sólo se consumen algunas de sus partes; por ello pronostica que: “De aquí a cincuenta años evitaremos el absurdo de criar un pollo completo con el propósito de sólo comer la pechuga o el ala, por medio del cultivo de estas partes separadamente en un medio adecuado”.
El lunes pasado el sueño de Churchill se hizo realidad. El profesor Mark Post de la Universidad de Maastricht hizo la presentación mediática en Londres de una de las primeras hamburguesas creadas en laboratorio con células madres. Su presentación, en la que él y su patrocinador, el joven magnate de Google Sergey Brin, degustaron la hamburguesa hecha de carne creada in vitro con células provenientes del tejido muscular de una vaca, quiso ser convincente sobre las bondades y la inocuidad del nuevo producto.
La hamburguesa fue elaborada de un trozo de carne cultivado directamente sin pasar por la crianza de una vaca completa. La carne obtenida fue exactamente la programada para fabricar la hamburguesa, cumpliéndole a Churchill el deseo de sólo producir aquellas piezas que serán ingeridas. El profesor Post declara entre sus propósitos salvar a la humanidad del hambre y de paso combatir el cambio climático. A Sergey Brin, quien donó los 250 mil euros que costó la hamburguesa, lo animan otras obsesiones: evitar el maltrato y sufrimiento de los animales, base de la dieta humana moderna. Comparte la idea de algunos ambientalistas, vegetarianos y defensores de los derechos animales, en el sentido de que existe demasiada inmundicia y crueldad en la crianza y sacrificio de los animales para consumo humano.
La producción de alimentos in vitro, lo mismo que otras tecnologías y estrategias para combatir el hambre mundial, es celebrada públicamente en su contenido ético y humanitario. No puede haber dudas sobre la importancia de los esfuerzos para combatir el hambre, proteger el clima planetario, y erradicar el maltrato a los animales.
No obstante, las premisas sobre las que se sostiene son, por decir lo menos, un tanto dudosas y cuestionables. El supuesto inicial es que el problema del hambre nace  en esencia de la escasez física de alimentos; por lo tanto, se trata de aumentar la oferta, hacer más grande el pastel. No se menciona que la escasez puede ser social, económica y políticamente producida. Tampoco se alude al problema de la distribución desigual de los alimentos; mucho menos al hecho de que manteniendo el mismo sistema de desigualdad existente, una mayor producción de alimentos hará más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Por otra parte, las consorcios alimentarios trasnacionales no operan con las reglas de la filantropía sino con las de la economía; sus fines no son corregir los males del mundo sino capitalizar sus inversiones; no hay ninguna señal de que la moderna y costosa producción de alimentos in vitro vaya a romper estas premisas.
Por otra parte, comer no se reduce al acto de ingerir trozos de materia con algún valor nutritivo; no es sólo la acción de masticar una masa deglutible asimilable por las funciones digestivas. Es también un acto cultural, simbólico, en el cual los alimentos y las fuentes de donde provienen representan y dicen cosas importantes, a veces trascendentales, a los humanos. Lo que es permitido y lo que es prohibido en materia alimenticia es ante todo un fenómeno cultural de valor decisivo para la conformación e identidad de los grupos humanos. Por ello, los ensayos para alimentar al mundo, y sobre todo a los pobres, con estos procedimientos tendrán que pasar la prueba de su aceptación cultural por una población para la que una pieza o un corte de carne, una fracción de pollo está asociado a un animal, a una forma de vivir, de pensar, de convivencia entre humanos y no humanos. Habrá que ver si la voluntad racionalizadora de la economía detrás de la moderna producción de alimentos se impone a la estética, los símbolos, los gustos, el paladar y los complejos valores que envuelven y acompañan el proceso humano de la alimentación.

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