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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 22 de marzo de 2014

Tormenta perfecta

Reforma

Sábado 22 de Marzo, 2014

Tormenta perfecta

José Luis Lezama

Dos tendencias, dos fábricas de mundos y de futuro parecen marchar armoniosamente, unidas en una aberrante hermandad. Por una parte, una patología social que acentúa la estratificación, que exacerba la desigualdad, que cancela el principio básico de sobrevivencia de los sistemas sociopolíticos modernos: la movilidad social. Una economía de élites, de triunfadores egoístas que una vez alcanzada la cúspide, retiran la escalera para que nadie más ascienda: los ganadores toman todo. Por otra parte, el agotamiento-destrucción de los recursos naturales debido a la presión que se ejerce sobre la capacidad del carga del planeta, que se traduce en pérdida de la biodiversidad, cambio climático, la destrucción de las fuentes de vida.
El resultado de esta perfect storm, es el colapso civilizatorio, como supuestamente ocurrió en Roma, China, Mesopotamia y en Mesoamérica. A esta conclusión llega un estudio patrocinado por el Goddard Space Center de la NASA, que asegura que cualquier civilización puede desaparecer por una explotación no sustentable de sus recursos, combinada con una incontenida explotación de quienes generan la riqueza social. El equipo de investigación, dirigido por el matemático Safa Motesharrei e integrado por científicos naturales y sociales, modela la interacción de los factores humanos y naturales que a lo largo de la historia han interactuado para desencadenar escenarios de catástrofe y colapsos civilizatorios.
El planteamiento de Motesharrei no es nuevo; lo es su combinatoria entre crisis social y ambiental. El libro Los Límites del Crecimiento, y muchos otros escritos alrededor de 1970, predicen la catástrofe por la tecnología, la sobrepoblación y la destrucción de la naturaleza. Hace unos años John Beddington, asesor científico del gobierno británico, predijo un final fatal para la economía mundial en el 2030 debido a escasez de alimentos, agua y energía. Por la misma época, Adair Turner, presidente de la Autoridad para los Servicios Financieros del Reino Unido, culpó a la obsesión desregulatoria neoliberal de daños incalculables en los mercados de capital.
El ambientalista Jonathon Porritt asegura que este mismo proceso desregulatorio ha provocado un grave detrimento al ambiente natural. Además de lo que llama la Inmunda Trinidad compuesta por una errónea fijación de los precios del riesgo, la mala asignación del capital y de los incentivos, señala como causante de la crisis económica-ambiental de hoy a la “deuda individual y nacional acumulada por los gobiernos para forzar altos niveles de crecimiento económico”, combinada con la deuda ecológica, resultado de la sobreexplotación de la naturaleza.
El estudio de la NASA enfatiza el estrecho vínculo entre los altos niveles de desigualdad y el irrefrenable consumo de recursos naturales. La población que genera la riqueza sólo recibe una pequeña fracción, manteniéndosele en los límites de la sobrevivencia. Los recursos que la economía extrae de la naturaleza no se destinan a la satisfacción de las necesidades humanas, sino a los fines de la propia economía: la rentabilidad y la ganancia.
Los efectos de un capitalismo de apostadores, guiado por la acumulación de deuda, así como la cancelación del principio y práctica de la movilidad social, constituyen la base socioeconómica de la crisis. La deuda ecológica y la destrucción del sistema de la vida es el componente natural de esta apuesta por el colapso civilizatorio que el estudio de la NASA vaticina.
El pasado martes 18 se presentó en Washington un crudo y desesperado reporte llamado What We Know de la American Association for the Advancement of Science, coordinado por el doctor Mario Molina. Lo que el texto narra no es nuevo; lo es el inusual tono dramático de los científicos para dar cuenta de la inminente catástrofe: aumento de los gases de efecto invernadero, derretimiento de las capas de hielo, subida del nivel de los mares, grandes lluvias, ondas de calor y sequías, destrucción de la selva amazónica, cambios en la corriente del Golfo, en las estaciones del año: todos relacionados al cambio climático.
Falta añadir la pérdida de la biodiversidad, la desertificación, la contaminación de aguas, suelo y aire, entre otros, para tener un cuadro más completo de esta gran fábrica de catástrofe que, unida a la que obsequia la economía y la desigualdad, hacen pensar en un futuro no muy distante del apocalipsis que la NASA y otros predicen para los años por venir. www.joseluislezama.com

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