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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 19 de abril de 2014

Aire asesino

Reforma

Sábado 19 de Abril de 2014

Aire asesino

José Luis Lezama
Somos las flores del basurero,
el veneno de tu máquina humana,
somos el futuro,
tu futuro.
The Sex Pistols


Marzo pareció contrastar a Europa con una verdad: los hechos no desaparecen porque los ignoremos o decidamos no ocuparnos de ellos, reiterándole que los riesgos más peligrosos, los más dañinos, son aquellos que decidimos no ver y contra los cuales no tomamos medidas. La fuerte contaminación del aire que afectó Londres y París, desmintió de manera fehaciente la idea de que ese problema había sido superado en el mundo desarrollado, persistiendo sólo en las ciudades del mundo no desarrollado, donde a su vez desaparecería una vez alcanzado el anhelado desarrollo.
La mala calidad del aire en Europa muestra el fracaso de las políticas puestas en prácticas para enfrentarlo y, sobre todo, que un problema no puede resolverse recetándole los mismos factores que lo originaron. Piénsese en la propuesta de los biocombustibles para resolver con energéticos renovables la futura escasez y las emisiones de los combustibles fósiles. Sustituir un combustible por otro sin cambiar los estilos de vida y las pautas de consumo, estimular el uso del automóvil como medio de transporte abandonando el transporte público, deforestar para cultivos que alimentan a los automóviles y no a los humanos, incrementando de paso los precios y la escasez de los alimentos y alentando la revuelta social: he ahí la lógica de la crisis ambiental.
Kensington y Chelsea, lugares de residencia privilegiados de los más ricos de Londres mostraron que, en materia de contaminación atmosférica, nadie parece estar a salvo. Pero no es sólo Europa, es el mundo entero que se ve bajo la amenaza de la contaminación del aire, hoy día no sólo presente en las grandes ciudades, sino también en el campo, como lo demuestra el caso francés. Todas las regiones del planeta parecen comprometidas en una aberrante competencia por volver inhabitables las ciudades del mundo, llenándolas de sustancias tóxicas.
Comparados con China, India, Nepal y México, las concentraciones de contaminantes en Londres y París son menores, esporádicas hasta ahora, y menos dañinas, a pesar que en marzo algunas ciudades europeas tuvieron simultáneamente niveles de contaminación superiores a Beijing, que en Londres ocurren 4 mil muertes anuales atribuidas a la contaminación del aire y que, en Francia, treinta de noventa departamentos registraron niveles peligrosos de calidad del aire. En Beijing el índice de calidad del aire en febrero pasado superó los 500 puntos; muy distante de las ciudades europeas mencionadas. En China, de 74 ciudades monitoreadas, 71 violaban los estándares ambientales. En la ciudad de México cerca de la mitad de los días del año se violan las normas por ozono.
Aún cuando la conciencia en Europa parece mayor, las medidas puestas en práctica parecen no tener la efectividad esperada. Los factores de fondo que provocan la contaminación persisten y las políticas no los tocan. En Francia, bajo la creencia que el diesel era menos dañino que la gasolina, se privilegió su uso en los automotores desde hace treinta años. Hoy día 70 por ciento de la flota vehicular francesa se mueve a diesel, precisamente en el momento que la Organización Mundial para la Salud (OMS) presenta pruebas de que este combustible es altamente cancerígeno. En toda Europa crece sustancialmente el uso de los automóviles privados, aumentando el tráfico y la contaminación; el american way of life se impone en Europa, particularmente entre las generaciones jóvenes.
La cifras de la OMS dadas a conocer en marzo en Ginebra no parecen dejar lugar a dudas. Siete millones de personas mueren anualmente por contaminación del aire; 3.3 millones dentro de los hogares y 3.7 millones al aire libre. En su informe de octubre del año pasado sostiene que, en el 2010, murieron en el mundo 233 mil personas por cáncer de pulmón por sustancias provenientes de los escapes de los automóviles a diesel, de los solventes y del polvo.
Los reportes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático hablan de catástrofes futuras, señalan con especial énfasis de qué nos moriremos en las próximas décadas. Las cifras de la OMS hablan de las muertes del presente; no son conjeturas, es la presencia de la muerte y la enfermedad en la vida cotidiana hoy, algo a lo que ya parecemos tan acostumbrados que no provoca ningún sentimiento de agravio, que no altera las conciencias, lo cual aumenta su gran capacidad de daño. www.joseluislezama.com

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