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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

viernes, 17 de octubre de 2014

Ébola, drama y psicosis

Sábado 18 de Octubre de 2014

Ébola, drama y psicosis

José Luis Lezama

            Un día de tantos, al despuntar el otoño de 1976 en Amberes Peter Piot,  hoy director de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres y descubridor del virus del Ébola, recibió un termo azul de manos de un piloto de Sabena Airlines, enviado por un médico de Kinshasa en la hoy República Democrática del Congo. El termo contenía una muestra de sangre de una enfermera belga que hacía trabajo humanitario en Yambuku, al norte de ese país africano, quien había contraído una extraña enfermedad. El médico de Kinshasa solicitaba al profesor Piot pruebas de laboratorio para descartar fiebre amarilla. El profesor Piot nunca sospechó que tuvo en sus manos, manipuló y convivió,  sin saberlo y sin mayores previsiones, con un mortal virus que ha mostrado hoy día su devastador poder, expresado en una tasa de mortandad del 70 por ciento.
            Nada hay quizá más distinto que vivir la enfermedad en un país rico y en uno pobre, aun cuando el ébola muestra algunas similitudes en ambos mundos. En Estados Unidos  los casos de Thomas Duncan, ciudadano liberiano que falleció en Dallas el 8 de octubre y las enfermeras contagiadas Nina Phan y Amber Vinson, han puesto bajo la mirada pública las dificultades para enfrentar la enfermedad, incluso en el país más desarrollado del mundo. Duncan fue mal diagnosticado, enviado rápidamente a su casa con antibióticos, pensándose que tenía un cuadro de sinusitis y reingresado de nuevo en estado grave.
Nina Pham, quien tuvo contacto directo con Duncan contrajo la enfermedad, según el sindicado de enfermeras de Estados Unidos, por no llevar el equipo de protección adecuado, lo cual ha sido negado por el Hospital Presbiteriano de Dallas donde fue atendido Duncan. Las enfermeras señalan que Nina Pham, de acuerdo a los expedientes, no iba protegida y que no se rompió con ningún protocolo médico porque simplemente no había protocolo. El doctor Daniel Varga, jefe médico del hospital, reconoció en audiencia ante el Congreso que, a pesar de contar con todo el equipo médico apropiado, diagnosticaron mal al paciente y pidió disculpa pública por ello, (The Guardian 16/X/2014).

            El doctor Bruce Ribner, infectólogo del Emory University Hospital de Atlanta, uno de los centros de mayor especialización para tratar con enfermedades altamente infecciosas en Estados Unidos,  y quien coordinó allí la atención médica de tres casos de ébola en agosto pasado, lo dijo con claridad: “No importa cuánto planees; cometerás errores la mitad de las veces”. El condado donde se ubica el Hospital Emory amenazó con desconectar el servicio de drenaje para impedir que las cañerías hospitalaria contaminaran la red; la empresa del servicio de recolección de desechos se rehusó a recolectar cualquier basura que hubiera estado en contacto con los enfermos de ébola; el servicio de paquetería se negó a transportar, a una distancia de dos cuadras, las muestras de sangre de los pacientes, e incluso los repartidores de pizza evitaron tomar pedidos del hospital; todo esto ocurría mientras los enfermos se debatían entre la vida y la muerte. (The Guardian, 13/X/2014).
            La muerte de Duncan es una muestra de la reacción social, política y gubernamental en un evento de esta naturaleza. Por una parte expuso la deficiente atención a una persona de raza negra, en contraste con la que recibió el ayudante del Alguacil Michael Monnig, quien fue atendido de manera eficiente y expedita. Por otro lado exhibió los errores médicos ocurridos y su ocultamiento por las autoridades hospitalarias. Puso de manifiesto también el estigma social que enfrentan los contagiados, particularmente si son pobres, de una raza discriminada o de cualquier minoría.
El brote de ébola en África y su expansión a otros partes del mundo se vive hoy día como drama y psicosis y es ya reconocido, no sólo como una amenaza a la salud humana, sino también a la vida comunitaria y a las instituciones donde se presenta. En África, particularmente en Guinea, Liberia y Sierra Leona, países que apenas se recuperan de los estragos de la guerra civil, el impacto es inmenso y el panorama desolador. Crisis sanitaria, desempleo, pobreza, escasez de alimentos y desesperación. En esta región de África, consideradas como las de mayor pobreza del mundo, cualquier evento perturbador se convierte en un drama.
Tras años de guerra, la infraestructura médica de estos países fue devastada. En 2010 Liberia contaba únicamente con 51 médicos, muchos de los cuales murieron posteriormente de ébola. La Organización Mundial de la Salud, mantuvo a sus oficinas regionales en África con presupuestos precarios y el personal era nombrado más bien con criterios políticos.
            En África  se presentan mil casos de ébola a la semana; de éstos sólo el 30 por ciento sobrevive. Los hospitales están saturados, el desempleo aumenta, la minería y la agricultura se han visto severamente afectadas, los negocios cierran y despiden trabajadores, y los servicios básicos escasean.
Las familias cuyos miembros mueren por la enfermedad esperan semanas para que los cuerpos sean recogidos, y muchos de ellos son aventados a la calle, o enterrados clandestinamente. Las escuelas lucen vacías, los profesores no reciben salarios y la histeria se difunde entre los trabajadores de salud. El estigma de la enfermedad hace rechazar o alejarse de los seres queridos, o de las amistades; los vínculos familiares se ven afectados y las instituciones debilitadas.
            En Liberia, hoy día, puede ser más importante tener dinero para comer que para comprar medicinas: allí La muerte tiene permiso. Por su parte, el presidente Obama y su equipo asesor han percibido que el principal problema del ébola en Estados Unidos no tiene que ver con la escasez; tampoco es sólo cuestión sanitaria. Su equipo médico piensa que, a pesar de los errores cometidos recientemente, están hospitalariamente preparados. Al presidente le preocupa más bien que la psicosis del ébola se traduzca en crisis, crisis social, crisis política, crisis de confianza y, finalmente, sus repercusiones en el tejido social americano, severamente afectado por la crisis económica y por el preocupante incremento de la desigualdad y la concentración de la riqueza.
Es ésta percepción del problema lo que llevó al presidente a nombrar como ‘Zar’ especial para coordinar el combate del ébola, no a un especialista en salud, sino a Ron Klain, abogado y jefe de gabinete de Al Gore y Joe Biden, experto en resolver situaciones de crisis, como la que tuvo lugar durante la elección presidencial del 2000, motivada por el dudoso recuento de los votos en Florida.
México dice estar preparado. No obstante, los hospitales públicos carecen de lo más elemental para atender la normalidad. Sin medicinas, jeringas, gasas, son recibidos muchos enfermos en la ciudad y, en mayor medida, en el campo.
En México regularmente nos preparamos con discursos, con programas virtuales y, la mayor parte de las veces, con resignación. Ojalá no sea el caso para enfrentar una eventual entrada del virus del ébola en nuestro país.
http://joseluislezama.blogspot.mx/
@jlezama2


Posdata:

En Ayotzinapa se juega hoy día el destino del estado de Derecho y el imperio de la ley en México. La muerte y la desaparición de los 43 normalistas constituyen una abominable afrenta contra la sociedad mexicana y las familias y ciudadanos que la integran. Marcan la entrada de México en un estado de normalización de la barbarie. No son sólo los criminales y las bandas de delincuentes las responsables; es todo el aparato del Estado, sin cuya protección sería imposible la desaparición de estos jóvenes y la de otros ciudadanos que padecen o han padecido esta descomposición social que hoy día se vive en México.

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