.

.

Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 29 de noviembre de 2014

Obama y su real politik ambiental

Sábado 6 de Diciembre de 2014                                     


Rumbo a París 2015
Obama y su real politik ambiental


José Luis Lezama

            Las conversaciones climáticas que tienen lugar hoy día en Lima (1 al 12 de diciembre), constituyen una especie de round de sombra para la reunión decisiva de París en el 2015, en la que los países de la comunidad internacional están comprometidos a llegar a algún tipo de arreglo para estabilizar el clima planetario. La reunión de Lima llega antecedida de importantes noticias y una que otra expectativa.
En septiembre Naciones Unidas efectuó una cumbre climática en Nueva York para delinear y definir los objetivos de Lima este año y de París el próximo. Cerca de 400 mil personas expresaron en las calles de esa ciudad su demanda a los gobiernos para detener el calentamiento del planeta. En octubre la Unión Europea hizo pública su voluntad de reducir hasta en 40 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) al 2030. En Noviembre los presidente Obama y Xi Jinping anunciaron un acuerdo para reducir sus emisiones al 2025 y 2030. Obama incluso ofreció 3 mil millones de dólares para el Fondo Verde, creado por los países ricos en Copenhague en el 2009, proponiéndose reunir 100 mil millones de dólares para la causa ambiental,  de los cuales apenas se han juntado unos cuantos millones.
            En Lima actualmente y para París 2015, la estrategia adoptada por los líderes mundiales, sobre todo aquellos con verdadero poder de decisión en las negociaciones climáticas internacionales, es más realista y pragmática que en el pasado; una especie de real politik ambiental parece haberse apoderado de todos. Todo mundo sabe que es imposible llegar a un acuerdo internacional vinculante, obligatorio, al que se sometan los distintos países. Mucho menos realista es la creación de un tribunal y sistema de fiscalización internacional que certifique y sancione a quienes no cumplan los acuerdos.
            Nadie mejor que el presidente Obama para entender este hecho, sobre todo por la imposibilidad de cualquier presidente de los Estados Unidos para firmar acuerdos vinculantes en política internacional, atribución que corresponde al Senado. Por ello el presidente Obama es partidario de lo que se ha dado en llamar una ‘estrategia negociadora Buffet’, en la cual se impulsa un conjunto de medidas, políticas y estrategias básicas para detener el calentamiento  que serían internacionalmente de carácter obligatorio, en tanto que se dejaría en manos de los gobiernos nacionales la libertad de establecer sus propias metas de mitigación, de acuerdo a sus propias leyes soberanas.
            El jefe de la delegación estadounidense, Todd Stern, considera ésta la única vía de negociación realista para llevar a la mesa y lograr la firma de los tres principales contaminadores de GEI, China, Estados Unidos e India. La Unión Europea (UE) y los llamados países no desarrollados miran el problema de otra manera y tienen una posición algo distinta. La UE reitera su 40 por ciento de reducción de GEI al 2030, pero insiste en la obligatoriedad de los acuerdos. Los países no desarrollados tienen una posición más compleja, más drástica y también más ambigua. Por una parte le exigen a los países ricos obligatoriedad y mayores compromisos para reducir emisiones; le piden ayuda financiera y defienden la importancia de hacer realidad el Fondo Verde. Pero además no quieren ningún compromiso obligatorio aplicable a ellos mismos. Defienden su derecho a contaminar para lograr el desarrollo y bienestar de sus pueblos. Parece que a los gobiernos de los países pobres les importa mucho el bienestar de sus pobres. Los países ricos, de acuerdo a los representantes de los países pobres, se desarrollaron y enriquecieron contaminando al planeta; ahora es el turno de los países pobres para contaminar, parecieran decir.
            Aún cuando digan lo contrario, no obstante que muestren un amor entrañable por la causa ambiental y exhiban públicamente el profundo afecto que les merece el planeta y sus criaturas; a pesar del fuerte tono melodramáticamente verde que adquieren sus discursos, en los hechos nadie, ni los gobiernos de los  países ricos, ni los de los países pobres; ninguno de ellos, individualmente o en bloque, quiere realmente asumir compromisos obligatorios para reducir emisiones; mucho menos ser fiscalizados y sancionados por organismos internacionales independientes. Sobre todo si la competitividad en el mercado internacional  y las ganancias de las grandes corporaciones, así como de quienes comandan las economías a nivel nacional o internacional pudieran estar, o sentirse  en riesgo.
            El borrador que salga de Lima en estos días y el acuerdo final de París en 2015 tendrán un tono conciliador, híbrido, condescendiente e ineficaz; los países estarán ante un ‘buffet de opciones’, pudiendo escoger a conveniencia. Aun siendo obligatorio para los países desarrollados, el Protocolo de Kioto no se cumplió; ninguno de los países que estaban obligados a cumplir lo hizo; nadie pudo forzarlos en los hechos a cumplir; ninguna institución, tribunal, fiscal internacional con fuerza suficiente fue creado para sancionar el no cumplimiento. Qué puede esperarse entonces de Lima y París con acuerdos que no son vinculantes.
El presidente Obama tiene un Plan B para París. Si las negociaciones del próximo se enredan; si no hubiera acuerdo internacional, puede poner todos los dados en el acuerdo bilateral con China, y posiblemente uno trilateral que incluya a India. Los tres países pudieran jugar la carta de irse juntos a un acuerdo, aunque también fuera de carácter voluntario, dejando al resto de las naciones a cargo de sus propias disputas.
Se necesita algo más que discursos y buena voluntad, si es cierto que el planeta se calienta a ritmos catastróficos, y si la causa de ello es el intenso consumo de combustibles fósiles iniciado con la Revolución Industrial, como se esmeran en afirmar expertos y burócratas.
joseluislezama.com
@jlezama2


No hay comentarios: