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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

jueves, 29 de enero de 2015

La Tribu de Los Cojoes, vencedores del poder y la muerte

La Tribu de Los Cojoes,  vencedores del poder y la muerte

Que estas ‘efigies de madera’ resulten bien. Que hablen. Que se comuniquen allá sobre la faz de la tierra…Parecían gente y hablaban como la gente….Sin embargo aún no tenían corazón ni mente. No se acordaban de su Armador y su Formador. Caminaban sin propósito…Fueron sólo un ensayo, un intento de gente…Su cuerpo era rígido. Así, no tenían capacidad de entendimiento…
Popol Vuh, 2012: 112-114.[1]

José Luis Lezama


            Cada año llegan, como un recordatorio, a remover nuestro olvido, nuestra desmemoria, nuestra condescendencia, con el Dios, cualquier Dios, todo Dios, el poder, todo poder, cualquier poder. Vuelven de manera cíclica, cada año, puntuales a la cita, venciendo obstáculos, para enviar su mensaje, su convocatoria, su fe, su esperanza. Su poderoso mensaje de vida.
Son la expresión de una obstinación, una terquedad, inscrita en la memoria, en los genes y el tiempo, obedeciendo un mandato, una reiteración, un propósito, la liberación de la tribu del Dios, un Dios, Dios perverso, que los crea y descrea, los habilita y deshabilita como humanos, a capricho; que les cancela su posibilidad de ser, los hace primero dioses, y los degrada a figuras, muñecos, efigies de madera.
Son la expresión de una necesidad, intento de salvación, de una restitución, una redención que devuelva a la tribu su antigua dignidad;  son el recuento de las batallas del inframundo para que la luz prevalezca, amanezca de nuevo, el poderoso Sol vencedor de las tinieblas y la muerte, que cada mañana anuncia la renovación y reinstalación de la vida y la esperanza en el mundo.


            

            Llegan puntualmente, acompañados del tiempo, la historia, el mito, de la cosmogonía, a juntar el polvo, a erigirse de nuevo como criaturas del entendimiento y del deseo, de la razón y la sangre. Llegan a salvar el mundo, a poblarlo de esperanza, a darle ánima, ánimo, sueños, ilusiones. Llegan a expresar su necesidad de ser, la posibilidad de vencer, de trascender la muerte, la humillación y el poder.

            El mundo, su mundo, nuestro mundo, todo el mundo está en juego, amenazado. Ellos lo saben, el pueblo lo sabe, cada barrio, cada persona, la gente lo sabe, La Tribu de los Cojóes, de Los Hombres, de Las Efigies de Madera, padece de la maldad de un Dios perverso que los maltrata y humilla. Por eso hoy, igual que ayer, que siempre, se enfrentan a este Dios, a su poder, a sus personificaciones y a sus guardianes. Están decididos, siempre decididos a enfrentarse al Dios, vencerlo, destruir su maleficio, su maldad,  realizarse como tribu, como humanos plenos. La tribu, Los Cojóes, lo hacen cada año, lo logran cada año, la conquista de su ser humano.
No es un secreto, aunque a veces nadie lo note, pero el mensaje está allí, en el pueblo se guarda, se conserva, se vive, se ejecuta cada año, como una necesidad, una obligación, una propuesta de ser, una manera de trascender las miserias del mundo. En el Popol Vuh se asienta el recuento de su vida, sus hazañas, se nutre de ellos, narra sus vidas, sus motivos, es la escritura, la reflexión, el diario, la narración de sus proezas. Y están allí para recordar, recordarnos, para no olvidar, para reiterar su compromiso con la vida.

           
            Llegan cada año, llegan pues a recordar, a recordarnos, a corregir nuestro olvido; saben que también nosotros, los hombres de hoy padecemos la misma desmemoria, los mismos dioses, la misma humillación, la degradación, la reducción a Hombres de Madera. Es ésta la historia de Los Cojoes, la Tribu de los Hombres de Madera que llegan al concluir cada ciclo, dispuestos a cumplir su misión, a traernos el recuerdo de aquello que solemos olvidar, que se pierde en nuestra menguada memoria, la existencia de ese gran poder, del Dios, de los dioses, poderoso Dios de la muerte. Por eso cada año Los Cojoes, La Tribu de los Hombres de Madera retorna a enfrentarse y a vencer al Dios Pochó de la muerte, para que el mundo siga su marcha, para lograr la gran hazaña de vencer a las fuerzas de la muerte y la desesperanza.

            Ocurre en Tenosique, allí retornan recurrentemente Los Hombres de Madera, la Tribu de los Cojoes, la tribu de los vencedores del poder y la muerte, a enfrentarlo de nuevo, a vencerlo de nuevo, a enseñarnos su fuerza, a decirnos de nuevo que ningún Dios, ningún poder están para siempre en la Tierra, que nada los puede detener en su intento por conquistar su propia vida, de tomar su destino en sus manos. (http://joseluislezama.com/index.php/9-uncategorised/215-pocho-veteranos).

            Por ello cada año vuelven, cada año retornan a despertarnos de un sueño, a dejarnos su mensaje y su enseñanza. La Danza del Pochó no es un carnaval, no es una comparsa, no es un baile de disfraces, ni siquiera es una danza, una representación teatral: son Los Cojoes, Los Hombres, Las Efigies de Madera, un pueblo real, destruidos por los dioses por la vergüenza de sus fallidos intentos creadores; son hombres reales, destituidos y aniquilados con ira y violencia y acusados de ingratitud, irreverencia y desmemoria; muertos por los dioses sin ningún pudor, y vueltos a construir, con la pulpa del maíz; creados y nacidos dioses y de nuevo degradados, retornados a nuestra condición de Hombres, Efigies de Madera,
No es una danza, no es una mascarada, es la Tribu de los Cojoes, de Los Hombres de Madera que busca su reconstitución, su condición humana plena que les fue arrebatada. No es una danza, no es una comparsa, son hombres reales que luchan y logran la hazaña de vencer el poder de los dioses, poderosos dioses de la muerte, al Dios Pochó que los degrada y humilla, a 1 Muerte, a 7 Muerte, señores de la destrucción, dioses del bajo mundo, del inframundo, de los bajos fondos del Xibalbá, con sus12 señores de la muerte.

@jlezama2

Nota
La Danza del Pochó se escénica cada año, durante más de un mes, del 20 de enero al martes del carnaval, previo al miércoles de ceniza. Tiene lugar en Tenosique, zona maya de Tabasco en la frontera con el Departamento del Petén, Guatemala, cuya principal ciudad fue Pomoná, que floreció en el Postclásico, del siglo VI al IX. Esta ciudad reivindica su importancia dentro del mundo maya por contar con un glifo insignia de ciudad. Tuvo contacto estrecho con Calakmul, Piedras Negras, Toniná y Palenque, que le impuso por años un tributo de jade, al resultar perdedora en las alianzas políticas en las que se comprometió en distintos momentos históricos.


Danza del Dios Pochó. Calendario 2015
Tenosique, Tabasco. México
(Se puede llegar directo a Tenosique por ADO desde el DF o por vía aérea hasta Villahermosa por Aeroméxico e Interjet y también vía Palenque por Interjet y después se completa el tramo vía terrestre por autobús o automóvil)

Domingo 25 de enero: Recorrido por las calles
Domingo 1 de febrero: Recorrido por las calles
Lunes 2 de febrero. Presentación especial del Grupo de los Veteranos de la danza en el Campo Deportivo.
Domingo 8 de febrero: Recorrido por las calles
Lunes 16 de febrero: Recorrido especial por los patios y casas; aún por definir
Martes 17 de febrero: Recorrido final por las calles. Recogida de Pasos





[1] Popol Vuh (2012). Traducción al español de la versión en inglés de Allen J. Christenson. Conaculta-FCE. México.

1 comentario:

yolanda dijo...

Interesante! Lástima no haber podido ir en esos días...
Espero podamos vernos en Tenosique algún día de la Semana Santa que viene en la Casa del Migrante...te animas??
Un abrazo,
Yolanda (mamá de Verónica)