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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 18 de diciembre de 2010

Cancún: Diplomacia vs. Ambiente

Reforma

Sábado 18 de diciembre de 2010

Cancún: Diplomacia vs. Ambiente

José Luis Lezama


En Cancún la diplomacia mexicana se anotó un doble triunfo. Por una parte reivindicó su mejor tradición negociadora, desplegando oficio para lograr consensos y facilitar acuerdos y, por otra, le restituyó a Naciones Unidas su papel central para dirimir los conflictos que emergen de la política climática mundial. La mayor parte de los países participantes llegó a Cancún con la idea de restablecer esta vía y espacio de negociación como la única viable en un mundo regido por intereses políticos y de mercado esencialmente contrapuestos. Los funcionarios mexicanos percibieron esta predisposición negociadora de los países y supieron corregir la credibilidad perdida en Copenhague. Se evitaron los acuerdos secretos, se nombraron comisiones en las que se incluyó, por igual, a países pobres y ricos y se tuvo cuidado con la transparencia del proceso. Al final, la secretaria Patricia Espinosa fue reconocida urbi et orbi como una gran negociadora.

No obstante, los resultados reales de la cumbre no deben ser vistos únicamente en su versión diplomática, sino también en su esencia ambiental y, en particular, en su significado para los objetivos fundamentales de la reunión: esto es, la obtención de acuerdos obligatorios y verificables para todos los países. Cancún no produjo un acuerdo en el sentido verdadero del término; Cancún produjo un esbozo o, como dicen, un esqueleto de acuerdo para reemprender las negociaciones en las próximas cumbres, ya sea en Sudáfrica o en Corea en los próximos años. En reducción de emisiones, ayuda financiera, transferencia de tecnología, deforestación y verificación, entre otros, no hubo compromisos sino promesas.

Esta lógica del no compromiso se impuso en lo que, incluso, los negociadores consideran como sus mejores logros, a saber: que por primera vez los países no desarrollados ofrecieron reducir emisiones, como lo habían demandado los países ricos; que China aceptara la verificación de sus reducciones, exigencia directa hecha por Estados Unidos, que se incluyera en el texto oficial la creación del fondo verde, que se diera respaldo a la propuesta de Naciones Unidas del llamado mecanismo REDD, por medio del cual los países pobres podrán recibir dinero para preservar sus bosques, que se perfilaran los compromisos para transferir tecnología, etcétera. El documento acordado en Cancún no definió tiempos, montos ni fuentes de recursos, tampoco reducciones de emisiones específicas para los países; es decir, nada que comprometiera oficialmente a nadie a cumplir con lo ofrecido. Su informalidad, ambigüedades, imprecisiones y vacíos, que hicieron posible el acuerdo, constituyen el centro de su debilidad. Toda la responsabilidad se relegó al futuro.


En Cancún se impuso la lógica diplomática sobre la ambiental, de la apariencia sobre la esencia. Fue una victoria a costa de la derrota del medio ambiente. Ganó la forma sobre el fondo. En esto tuvo que ver la decisión presidencial de darle a la SRE el comando de las negociaciones de esta cumbre por sobre la Semarnat. Dejada la negociación a la lógica natural de funcionamiento de la diplomacia, el objetivo central dejó de ser la discusión y propuestas sobre los aspectos ásperos relacionados con la búsqueda de compromisos, porque ello confrontaba y dividía dificultando acuerdos, optándose por tanto por dejar para otro momento y para la responsabilidad no sólo de otra cumbre, sino de otro país y de otros negociadores, el abordaje de las responsabilidades y obligaciones de los países. Se trataba de evitar mayores disputas, deserciones y amenazas de retiro. Había que acordar algo, había que mostrar consensos. Algunas voces en la Semarnat deseaban un papel más activo, otras incluso mantenían posiciones más ambiciosas y la búsqueda de compromisos más profundos, aun cuando sólo fuera en los temas menos conflictivos que no tienen que ver con reducción de emisiones y el Protocolo de Kyoto.

El texto de Cancún nace de una cumbre derrotada de antemano, sin mayores expectativas y en la cual los delegados llegan dispuestos a hacer concesiones; incluso las dos grandes potencias contaminadoras, China y Estados Unidos, luego de unas cuantas muestras de intransigencia inicial, exhibieron una sospechosa "fraternidad" para acordar algo y lo hicieron: acordaron ofrecer promesas y así contribuir a hacer de Cancún motivo de celebración para la comunidad de naciones. Se evitó que el barco de la negociación naufragara, aunque para ello se sacrificara dar obligatoriedad a las medidas necesarias para abatir un calentamiento que, a decir de los expertos, marcha irremediablemente y contra el cual, aún las más optimistas de las metas planteadas en el seno de las Naciones Unidas se muestran ineficaces. Este año 2010 ya fue confirmado hace unos días por el Goddard Institute for Space Studies, de la NASA, como el más caliente desde que se iniciaron los registros del clima a partir del siglo XIX.

jlezama@colmex.mx

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