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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 23 de abril de 2011

La madre Tierra

Reforma
Sábado 23 Abril 2011

La madre Tierra
José Luis Lezama

En 1545, en el pueblo francés de Saint-Julien, perteneciente a la antigua Diócesis de Maurienne, tuvo lugar un hecho que para la sensibilidad de los hombres de nuestro tiempo pudiera parecer particularmente insólito. En ese año sus habitantes emprendieron acción legal contra una plaga de gorgojos, que había causado grandes daños a los viñedos y a quienes vivían de sus frutos. En 1587 los hechos parecieron repetirse y de nueva cuenta los gorgojos fueron sometidos a juicio. En los dos casos los insectos resultaron vencedores.
En 1545 el juez episcopal se negó a excomulgar a los gorgojos, tal y como lo demandaban los agraviados campesinos, bajo el argumento de que los insectos, lo mismo que los hombres, en tanto criaturas de Dios tenían los mismos derechos a alimentarse de las plantas y bosques de la creación. En una ordenanza del 8 de mayo de 1546 se prescribió a los campesinos demandantes la realización de oraciones públicas y la ejecución de procesiones alrededor de los viñedos infectados. Fueron también requeridos a implorar la misericordia divina, al arrepentimiento sincero de sus pecados y al pago puntual del diezmo. No pareciéndoles suficiente, los magistrados municipales de Saint-Julien ordenaron a los vinicultores quejosos dotar a los insectos de un espacio exclusivo, provisto de vegetación suficiente para que pudieran subsistir con sus propios medios. El juicio de 1587, tomando como antecedente estas ordenanzas, volvió a resultar en otro triunfo de los gorgojos contra los vinicultores. La historia es narrada por el filósofo francés Luc Ferry en su libro El Nuevo Orden Ecológico, originalmente publicado en 1992.

A punto de entrar en vigor en Bolivia, la llamada Ley de Derechos de la Madre Tierra brindará protección jurídica lo mismo a escarabajos, plantas, bienes naturales, humanos y no humanos en general, como parte constitutiva que son del sistema de la vida. La Tierra en esta ley es pensada como un organismo vivo y los seres que la habitan como integrantes entrelazados e imprescindibles de grandes ecosistemas mediante los cuales emerge y se reproduce la vida.
La ley establece el derecho de la Tierra a existir, a la integridad de sus ecosistemas, a la biodiversidad, al agua en cantidad y calidad para el mantenimiento de los ciclos vitales, al aire limpio, al equilibrio, a la restauración cuando haya sido sometida a desequilibrios y abusos, a vivir libre de contaminación y de alteraciones genéticas. Ni los ambientalistas más radicales pudieron haber imaginado que la utopía de una naturaleza resguardada de los excesos de la sociedad industrial moderna pudiera, alguna vez, tomar forma en el marco constitucional de nación alguna.
Para la nueva ley no existe preeminencia humana en el orden de la creación; para la madre Tierra, personificada en la antigua diosa andina Pachamama, todas las criaturas del mundo están unidas formando una comunidad universal en la cual no hay seres superiores e inferiores. El derecho a la vida lo posen por igual humanos y no humanos.
Bolivia es un país rico en recursos naturales, pero sus habitantes, sobre todo los indios, se cuentan entre los más pobres de América Latina. Esta nación llegó a producir en los tiempos coloniales más de la mitad de la plata que circulaba en el mundo y hasta hace unos añosfue el principal productor mundial de estaño. Actualmente posee la segunda reserva de gas natural más grande del planeta y es muy codiciada por sus inmensas reservas de litio, metal ligero de gran uso en las baterías para computadoras y celulares y de un inmenso potencial en la futura producción de automóviles eléctricos.
La ley, que prevé la creación de un ministerio de la madre Tierra y una Defensoría de sus derechos, parece una utopía, un homenaje a la naturaleza y a quienes luchan por su preservación. No obstante es un documento abstracto de difícil aplicación en el mundo actual. A pesar de la contaminación y agotamiento de las minas, las exportaciones de metales representan la tercera parte de las divisas extranjeras que entran al erario boliviano. El mundo actual y los factores de poder que deciden su marcha son más complejos que los que regían en Saint-Julien, por lo que es algo más que improbable pensar que los insectos, de nueva cuenta, pudieran ganar en los tribunales cualquier batalla, especialmente a las poderosas compañías mineras que extraen y comercian los metales, que son corazón de la industria moderna.
No obstante, los bolivianos detrás de esta ley piensan que Pachamama, diosa de la fertilidad, de la siembra, de las cosechas y madre también de los terremotos, está resentida con los hombres de hoy. Las sequías, las inundaciones, el derretimiento de los glaciares, los aludes, los terremotos, etcétera, son el castigo contra quienes la destruyen y ofenden. La ley es presentada como un intento para calmar su ira, para reconciliar a los hombres con la diosa Pachamama y con su obra generadora de vida. Página Internet: www.joseluislezama.com

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