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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 21 de mayo de 2011

Stephen Hawking Superstar

Reforma

Sábado 21 de mayo 2011

Stephen Hawking Superstar

José Luis Lezama

  
            Es uno de los científicos vivientes más conocidos, de los más buscado por los medios y su palabra de las más esperadas; sus frases ocupan las primeras planas de los diarios y su verdad parece casi sagrada al provenir de un hombre que se supone genio, personificación y “vocero” del más sofisticado pensamiento científico actual, de un explorador aventurado en los confines del conocimiento científico. Stephen Hawking, astrofísico y cosmólogo británico, poseedor por treinta años de la misma cátedra en la Universidad de Cambridge que alguna vez ocupó Issac Newton, parece no gustar únicamente del encierro académico; se muestra también hombre público y parece gustar del efímero placer que brinda la farándula y la adulación de los medios.
 Padece de una enfermedad degenerativa que lo ha tenido paralítico y al borde de la muerte por cerca de cincuenta años, no obstante dedica su intacta e intensa actividad cerebral para intentar proponer un interpretación total del universo, alejada de lo sobre natural y la magia, explicando así al universo como un producto de sí mismo, de sus propias leyes, de sus estructuras más íntimas.
Hoy día el profesor Hawking ha devenido una suerte de Superestrella mediática. El mundo parece pendiente de escuchar lo que dice, los descubrimientos de su mente analítica, la cual parece obsesionada con la posibilidad de construir la llamada Teoría del Todo. Algo buscado desde la publicación de su best seller de 1988, Breve Historia del Tiempo: describir cada partícula y cada una de las fuerzas que rigen el mundo mediante una serie de ecuaciones, lo cual para él: “sería el último triunfo de la razón humana puesto que con ello conoceríamos la mente de Dios”.
            El año pasado presentó su último libro, The grand design, del cual los medios extrajeron y magnificaron la idea según la cual la explicación del universo no requiere la presencia de Dios. Stephen Hawking expresa frases que sorprende a muchos, irrita a no pocos y alimenta la imaginación o fantasía de otros, llegando incluso a parecer un tanto exagerada y artificial su recurrente aparición mediática. No obstante, la naturaleza de su enfermedad, que lo tiene postrado en una silla de ruedas, sin posibilidad de movimientos musculares, la sofisticada tecnología computacional utilizada para su comunicación con el mundo que lo rodea, así como su abordaje y comunicación de los temas científicos sobre las preguntas básicas del ser humano, le confieren a su palabra una seductora autoridad. Hawking no parece conformarse con la imagen de hombre de ciencia convencional. De hecho lo que más se vende de él son sus declaraciones en temas no estrictamente científicos, sino más de carácter religioso, moral y filosófico. Por ello declara sobre la vida después de la muerte, sobre el cielo, sobre Dios y su lugar en el mundo, sobre el sentido y propósito de la vida.

            Las ideas sobre Dios y la ciencia emitidas por Hawking no son nuevas, han estado siempre en la práctica del conocimiento científico. La diferencia es que dichas por Hawking y por la aureola que lo rodea, magnificada por los medios, manejada como un conflicto entre ciencia y religión, entre verdad y mentira, como se muestra en muchos de los medios, permite a todos vender sus productos en el mercado mediático: Hawking vende sus libros, la radio, la televisión y los periódicos aumentan ratings y ganancias, y el Internet florece.
            No es de todo errónea la apreciación del rabino Lord Sacks sobre la lógica de los argumentos de Hawking puesto que para éste representante religioso la ciencia desune las cosas para entender cómo funcionan, mientras que la religión las une para ver qué significan (The Guardian 2/IX/2010). Al argumentar sobre el cielo y la vida después de la muerte, comparó el cerebro humano con una computadora señalando que, cuando éstas fallan y dejan de funcionar, no se dirigen a ningún cielo. Alguien más le refutó que a diferencia de las computadoras, que aún no tienen conciencia y albedrío, los humanos si lo poseen, por lo que cabe sospechar que su destino después de la muerte pudiera ser distinto al basurero tecnológico de las laptops, los celulares y los ipads.
Dios fue desterrado desde los inicios del pensamiento científico moderno, fue parte de ese proyecto constituido por el llamado desencantamiento del mundo por medio de la razón. Lo único nuevo en la reciente polémica sobre el lugar de Dios en el origen y sentido del mundo es que ha salido de la boca de un mito, de un superestrella de la ciencia. Otras disciplinas científicas, la sociología, el psicoanálisis, la teoría política, la filosofía, etcétera, pudieran muy bien argumentar que Dios no existe únicamente para explicar el origen del mundo y que los humanos de hoy, igual que los de ayer, no sólo viven de la verdad científica, por muy útil e imprescindible que ésta sea, sino también de sentimientos, emociones, poesía, mitos y encantamientosPágina Internet: www.joseluislezama.com. 

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