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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 10 de marzo de 2012

El evangelio ambiental de Benedicto XVI

Reforma

Sábado 10 de Marzo de 2012
El evangelio ambiental de Benedicto XVI
José Luis Lezama

Ve y repara mi casa que como ves se está cayendo en ruinas
San Francisco de Asís

Es quizá porque la destrucción del planeta, la depredación y abuso de sus recursos, es una preocupación compartida a nivel planetario, que la causa ambiental ha sido ampliamente recogida por la iglesia católica. Benedicto XVI parece no sólo sensibilizado ante el tema ambiental, sino provisto de un discurso ilustrado y moderno. Ninguno de los temas de la agenda ambiental global contemporánea queda fuera de su reflexión, aún cuando sus posiciones sean debatibles, cuestionables o en aparente oposición a la ortodoxia científica y a los ecologistas radicales.
Diversos documentos testimonian su pensamiento, lo que podría llamarse su evangelio ambiental, la buena nueva sobre el planeta, la naturaleza y el sistema de la vida. Destacan los discursos del 9 de enero del presente año, ante el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede, los mensajes por la paz mundial del 1 de enero del 2007, 2008, y 2010 en el que el lema escogido fue “Si quieres promover la paz, protege la creación”, las ideas que expresa en el libro Luz del Mundo de 2010 y, sobre todo, su Carta Encíclica Caritas in Veritate del 29 de junio del 2009.

Su conciencia ambiental parece provenir de un sentimiento de culpa por el incumplimiento del encargo hecho al hombre de cuidar y administrar la obra creadora. El deterioro ambiental no se le presenta como una cuestión estética sino como un problema moral, cuya solución requiere de medidas profundas, que no se reduce a una cuestión de incentivos económicos, que exige un cambio de mentalidad, en los estilos de vida, en el consumismo, en la obsesión por lo material. La naturaleza misma no es para Bendicto XVI simple materia, sino también espíritu: “rica de significados y fines trascedentes”, que contiene en sí misma una gramática, es decir, un conjunto de reglas y normasque “indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario”.
            Las ideas ambientales de Benedicto XVI recogen la discusión contemporánea, no sólo en cuanto a su concepción, sino también en las medidas para enfrentar los problemas. Le preocupa el Desarrollo Sustentable, las energías renovables, la pobreza y justicia ambiental, los recursos naturales, su desigual intercambio entre ricos y pobres, el papel de la ciencia y la técnica en el entendimiento, predicción y modificación del mundo natural, los límites de las políticas puestas en práctica por los gobiernos.
Reafirma, por ejemplo, la utilización de los recursos de la naturaleza para la satisfacción de las necesidades humanas, pero condena su abuso y su uso para explotar y someter a otros seres. La naturaleza dice no es un tabú, algo intocable, pero tampoco debe ser vista como objeto de depredación. En su evangelio es válido hacer producir más a la tierra, la búsqueda de una racionalidad y eficiencia económica que permita generar más riqueza, más alimentos, y la utilización de la ciencia y la técnica para tales propósitos, pero no considera aceptable una ciencia y una técnica autónoma, separada de los propósitos humanos, una técnica sin conducción moral.
Reconoce a la ciencia y a la técnica un papel relevante en la búsqueda de la verdad, en su capacidad de predecir, para proteger la vida y el bienestar de los humanos, no obstante, niega igual que lo hizo el Concilio Vaticano II, que la ciencia y la tecnología sean la norma suprema para llegar a la verdad y para cubrir las necesidades existenciales y espirituales del hombre. Le da a la naturaleza un estatuto sagrado, en tanto obra del creador, en tanto expresión, señala, de un proyecto de amor y de verdad, pero contrariamente a la ecología política radical, se opone a colocar a la naturaleza por encima o al mismo nivel del hombre, el cual se encuentra situado en la parte más elevada del proyecto creador. Hay que abandonar, señala, esa idea de la igualdad y la tentación de encontrar en la naturaleza a un sustituto de Dios. Le preocupa el panteísmo, las tentaciones paganas.
El problema con el discurso ambiental de la iglesia católica de hoy es el mismo que el de los organismos internacionales y el de los gobiernos nacionales. Mientras los programas de acción están plenos de concepciones modernas y avanzadas sobre los problemas ambientales del mundo, las acciones concretas escasean, la naturaleza languidece, los recursos se agotan y los ecosistemas y las comunidades que de ellos dependen encuentran dificultades para la sobrevivencia; hoy día son muchos ya quienes migran por motivos ambientales. Benedicto XVI ordenó la instalación de paneles solares en el Auditorio Paulo VI del Vaticano, acto simbólico para enseñar con el ejemplo, pero intrascendente para el calentamiento. Los gobiernos de las naciones católicas en las que él sigue siendo el Vicario de Dios en la Tierra, no parecen muy esforzados en atender el mandato divino de conservar y proteger la obra del creador. www.joseluislezama.com

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