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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 7 de abril de 2012

Maíz transgénico, servidumbre feudal

Reforma

Sábado 7 Abril 2002

Maíz transgénico, servidumbre feudal

José Luis Lezama

            Todo parece darse con el mayor sigilo, como en la clandestinidad, como realizando alguna acción vergonzosa, con un cierto sentimiento de culpa, con información no sólo escasa sino ambigua, confusa, proviniendo no siempre de las fuentes oficiales (SAGARPA, SEMARNAT), sino de las organizaciones promotoras (Agro-Bio, Monsanto, etcétera). La prensa misma, salvo contadas excepciones (Reforma, La Jornada, Proceso…) no parecen registrar la amenaza, darle la cobertura requerida a los potenciales daños a la economía,  la soberanía nacional, la seguridad de los ecosistemas mexicanos y a la riqueza genética con que cuenta el país, centro de origen del maíz, sustento alimenticio y espiritual que es del mexicano, fuente de identidad nacional y elemento central en las hazañas creadoras de los dioses del mundo indígena.
            Desde marzo del año pasado el secretario de la Semarnat anunció la aprobación en su fase piloto, de la siembra de maíz transgénico en México (Reforma 11/III/2011). Por ley, antes de aprobarse para su fase comercial, la siembra debe pasar por una experimental, la cual deberá ser seguida por la piloto. Las autoridades federales han otorgado a la fecha, 67 permisos para la siembra experimental. Además de la de marzo del año pasado,  la fecha del 31 de diciembre del 2011 parece haber sido decisiva en el  proceso de autorización de la siembra piloto. Agro-Bio, que es la asociación que representa a las trasnacionales promotoras de transgénicos, con Monsanto a la cabeza, (Reforma, 9/II/ 2012; Proceso, 7/II/2012), algunos medios nacionales y extranjeros, y no la autoridad federal mexicana, hicieron el anuncio.

            Fuera de las compañías que promueven y lucran con los transgénicos, y de una parte de los expertos directamente vinculados con el desarrollo de la biotecnología y la ingeniería genética, un importante número de científicos especialistas en diversos aspectos del problema, se oponen o insisten en la necesidad de poner en práctica el principio precautorio en la siembra y comercialización de maíz transgénico en México, donde existen alrededor de 60 razas de este cereal.
            Los argumentos a favor abundan y la mayor parte de ellos insisten en la necesidad de aumentar la producción, combatir la pobreza y enfrentar los  efectos negativos de heladas, sequías, plagas, y del cambio climático. Bill Gates socio de Monsanto desde el 2010 ve en la producción de cereales transgénicos la solución al hambre que aqueja al menos a mil millones de personas en el mundo. Los desarrolladores de la tecnología transgénica en México, también dramatizan sobre la necesidad de proteger  la autosuficiencia  alimenticia, sobre todo en los actuales momentos de crisis, escasez y sequía en el campo. Se juega con el discurso  de  la soberanía alimenticia y de la independencia tecnológica. La mayor parte de los argumentos a favor de los transgénicos han sido rebatidos por diversos científicos y defensores del ambiente. Se dice poco sobre el desigual acceso a la riqueza socialmente producida y a los recursos del poder que genera y perpetúa la pobreza. Tampoco se menciona que una mayor capacidad para producir alimentos, en el contexto del desigual sistema económico y político mexicano, hará más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. No es pues sólo un problema de escasez de alimentos sino, sobre todo, de escasez de igualdad y democracia.
            Las trasnacionales no enfrentan el hambre y la pobreza desde el terreno de la filantropía, sino desde el de la oferta y la demanda; les interesa los países y la gente pobre, de la misma manera que les importa el aumento de la productividad y de la producción, como medios para un fin supremo: la rentabilidad económica. Las trasnacionales se rigen por las leyes del mercado: los pobres representan la demanda y ellos la oferta.
Todo el modus operandi de las transnacionales cancela cualquier posibilidad de soberanía alimentaria e independencia tecnológica. Ellas comandan el proceso, se encuentran en el eslabón inicial y en el final, deciden qué se produce, cómo se produce y quienes se benefician de lo producido. Tienen derechos de propiedad y regalías sobre las semillas, los herbicidas, insecticidas y fertilizantes. Los contratos que firman con los agricultores impiden que éstos intercambien semillas, que seleccionen las mejores muestras para las próximas siembras. Un nuevo orden agrícola parece estarse gestando a nivel mundial, el surgimiento de nuevos señores del campo, un nuevo feudalismo que somete a los pequeños agricultores del mundo a una suerte de servidumbre con las compañías transgénicas.
Finalmente, la producción de maíz transgénico, sea o no con capital o tecnología extranjera, sea para aliviar o incrementar la pobreza, constituye un alto riesgo para la diversidad y riqueza genética del maíz mexicano, fundamento de cualquier posibilidad, no sólo de soberanía alimentaria y tecnológica, sino de simple sobrevivencia. Página Internet: www.joseluislezama.com

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