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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 19 de octubre de 2013

Banksy y la ciudad prohibida

Reforma

Sábado 19 Octubre 2013



Banksy y la ciudad prohibida 

José Luis Lezama



Un hombre trajeado mira inconmovible el mundo exterior desde la ventana de su casa; detrás de él su mujer en ropa interior denota cierta aflicción, un dejo también de concupiscencia; debajo de ellos, a unos centímetros de la firme mano del marido asida a la ventana, el amante desnudo cuelga de la cornisa, pareciendo deliberadamente ignorado, al margen más que del alcance, del interés visual del esposo, concediéndole al amante la ansiada invisibilidad.

La escena ocurre en el mural el Hombre Desnudo (The Naked Man), una muestra de la obra del célebre grafitero británico, Banksy (http://joseluislezama.com/index.php/199-banksy). El Hombre Desnudo fue pintado en las paredes externas de una clínica de salud sexual en Bristol en el 2006. El ayuntamiento debía por ley remover la obra por ser producto de una actividad ilegal; el 97 por ciento de los vecinos del barrio demandó su permanencia en una consulta pública convocada por la autoridad local.

Otra de sus creaciones, el mural Trabajo Esclavo (Slave Labour), que exhibe a un niño pobre confeccionando banderas británicas con una vieja máquina de coser, introduce una pequeña mácula en las festividades por el sesenta aniversario del reinado de Isabel II. La obra fue sigilosamente removida de su lugar, apareciendo después de manera sorpresiva en una subasta, en una galería de Miami, en donde se valuó a un precio inicial de 500 mil dólares.

Otro de sus cuadros, La reina Victoria como Lesbiana (Queen Victoria as a Lesbian), en el que la reina aparece en una escena erótica con una mujer, alude a la homofobia de la soberana, presente en sus leyes contra la homosexualidad. Esta obra, una de cuyas copias está en poder de un personaje de la farándula, está valuada en alrededor de 50 mil dólares.

La obra pública de Banksy es una crítica a muchas de las expresiones de la sociedad moderna, a sus valores, a su hipocresía, a sus instituciones públicas y privadas. Pero es también un canto a la belleza de lo simple, a la sencillez, a la ingenuidad, a los artistas y personajes del pasado con los que el autor se siente en cierta fraternidad. Celebra el valor de lo espontáneo, pero resalta también el horror que en ocasiones asume la vida cotidiana.

Su obra es reflejo de la inmediatez, la que deriva del asedio de la ley y del tiempo, del cerco ejercido por los representantes del orden, por sus vigilantes, creándose en el anonimato de la noche, de manera sigilosa, con la agilidad y urgencia que demandan las sirenas y las luces de las patrullas que merodean por las vías públicas por donde su obra se embadurna en las paredes de la ciudad, cuyas leyes constantemente transgrede.

Su producción es vasta y ya no se restringe a la calle; se le encuentra también en galerías, lo que le ha ganado el rechazo de algunos de sus compañeros de oficio. Sus trabajos nacidos de la informalidad se cotizan alto en el mercado formal. Algunos se acercan al millón de dólares; muchas de ellas cuestan decenas de miles de dólares. Abundan las niñas con flores, a veces sólo insinuadas en el juego de penumbras que el blanco y negro permite, las Mona Lisa en posiciones y actitudes provocativas, las armas de destrucción masiva, los misiles, la niña tiernamente abrazada a una bomba, la reina con su máscara de gas, o el embozado guerrillero urbano que, en lugar de granada de mano, lanza un ramo de flores, o las paredes escarapeladas de las que de pronto nace una hermosa figura, una delicada pintura rupestre.

Banksy juega con la ilegalidad de la ciudad, se deleita con la transgresión de sus normas, goza de esa zona barbárica en la que lo legal y lo ilegal se entrelazan minuciosamente. Piensa que vive en el anonimato porque su actividad es ilícita y no desea ser atrapado, goza del placer de pintar sobre suelo prohibido y no ser descubierto, encuentra en la transgresión a la norma urbana un inmenso placer, un placer, dice, mayor que el sexo y las drogas.

Banksy conoce, no por la teoría sino por instinto, que no hay una oposición entre la legalidad y la ilegalidad, que la ciudad las hermana, que la autoridad las administra, que son parte de la construcción y gestión del orden urbano. Sabe que la ciudad prohibida y la ciudad permitida se complementan, se requieren, se combinan, se interpenetran, son la fábrica de la ciudad legal y de su orden.

No obstante Banksy es también parte de la regla urbana que transgrede, de la transgresión tolerada y administrada, es la demostración práctica del simulacro de la política de cero tolerancia. No es sólo Banksy quien requiere del anonimato; la autoridad también lo necesita en la clandestinidad. Identificar la personalidad de Banksy pondría a la autoridad en un dilema, tendría que arrestarlo por transgredir la ley, encarcelarlo para después liberarlo a pesar de ser un delincuente. La ilegalidad y la legalidad en el gobierno de la ciudad sólo están separadas por la hipocresía, esa que Banksy denuncia insistentemente en su obra. www.joseluislezama.com

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