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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 2 de noviembre de 2013

Geopolítica del Ártico

Reforma

Sábado 2 de Noviembre 2013



Geopolítica del Ártico
José Luis Lezama



El gobierno ruso no quiere dejar dudas de su capacidad de respuesta para someter a quienes retan su autoridad y amenazan sus intereses, sobre todo si sus opositores no poseen la fuerza política, militar o económica de sus contrapartes del mundo industrial desarrollado, cuya democracia civilizada aspira imitar para trascender algún día la actual condición de capitalismo salvaje de su economía.

En el 2002 no dudó en sacrificar a cerca de 130 de los 850 rehenes del teatro Duvrovka de Moscú, tomado por un comando terrorista que reclamaba el retiro de las tropas rusas de Chechenia. En el 2004 dejó sin combustibles a Ucrania en pleno invierno, como medida de presión en la disputa por los altos precios del gas que le vende a ese país y por la utilización de sus gasoductos, necesarios para surtir de gas a Europa.

En septiembre pasado el gobierno ruso tomó por asalto al Arctic Sunrise, embarcación emblemática de la protesta pacífica de Greenpeace contra la explotación petrolera llevada acabo por Rusia y otras naciones en los frágiles ecosistemas del Ártico. Los cargos por los que mantiene prisioneros a los llamado 30 del Ártico son desproporcionados y testimonian el estilo ruso de solución de conflictos: piratería primero y ahora hooliganismo, ambos con penas de más de 7 años de prisión.

Para Rusia los recursos del Ártico son cruciales en sus aspiraciones económicas y políticas. Sin el petróleo allí resguardado su producción descenderá dramáticamente. Actualmente Rusia produce 10 millones de barriles de petróleo por día; la producción mundial es de alrededor de 89 millones. Sin el Ártico, Rusia descenderá a 1 millón de barriles por día en el 2020.

Su prominencia en materia de gas en el mundo y su política petrolera en general enfrentan una seria amenaza que proviene de los drásticos cambios que están ocurriendo en la geopolítica energética mundial. Rusia apostó por grandes proyectos sobre la base de una interpretación equivocada de la evolución del mercado y la tecnología. Por ejemplo, la explotación de los yacimientos de gas más grandes del mundo, el llamado Campo Shtokman, en el que la compañía estatal Gazprom invirtió 20 mil millones de dólares, asociándose con petroleras occidentales para beneficiarse de la tecnología extranjera que no posee, fue pensada para satisfacer la creciente demanda de gas en Estados Unidos.

La entrada en escena de gas estadounidense por la llamada Revolución del Shale Gas, que inundó de gas física o virtualmente al mercado mundial, echó abajo las expectativas rusas. Estados Unidos no necesita más del gas ruso y, muchos de los países Europeos, que constituyen la principal fuente de ganancias del monopolio ruso de las exportaciones de gas en manos de Gazprom, disminuyeron sus importaciones por diferentes factores, entre los que destacan aparte del Shale Gas existente en sus propios territorios: un menor consumo por la crisis económica, la sustitución de gas por energía renovable, una mayor integración del mercado europeo del gas, los juicios iniciados por la Unión Europea contra Gazprom por prácticas monopólicas, la entrada a Europa de gas licuado proveniente de Qatar, Canadá y Australia y la propia política de Gazprom que ha castigado con altos precios a Europa, ensañándose en especial con algunos de los antiguos miembros o aliados de la ex Unión Soviética.

La Revolución del Shale Gas ha reposicionado a Estados Unidos en el mercado mundial. No sólo por los grandes volúmenes de gas liberados por la fracturación de las rocas del subsuelo, sino porque es poseedor de la tecnología para hacerlo posible, la cual controla y vende a los países urgidos o ansiosos por acceder a sus reservas.

Hoy día, los socios de Gazprom de Shtokman en el Ártico, han abandonado el proyecto por inviable económica y tecnológicamente. El Shale Gas estadounidense hizo descender el precio internacional, quitándole rentabilidad a los proyectos rusos de explotación de sus grandes reservas árticas.

Temporalmente los hidrocarburos del Ártico descansan en paz, no tanto por las protestas de ambientalistas y científicos preocupados por el daño a estos ecosistemas fundamentales para la vida planetaria, sino por su incosteabilidad y dificultades tecnológicas. Paradójicamente, el Shale Gas, otro gran depredador ambiental y aliado dudoso, parece haber venido al rescate del Ártico, retrasando aunque sólo sea temporalmente, la explotación de sus hidrocarburos.


En el Ártico, no obstante, abundan las tentaciones económicas: gracias al calentamiento, se ha abierto allí una promisoria ruta marítima comercial y turística, y el subsuelo parece repleto de oro, diamante, hierro, uranio, torio y otros minerales de amplia demanda por la industria microelectrónica.

El mercado terminarán reduciendo el Ártico a baratijas, materia prima, desechos, a consumo superfluo para alimentar, no a los humanos, sino a la propia economía y quienes la comandan, de no mediar su verdadera defensa ciudadana mundial. www.joseluislezama.com

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