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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 5 de octubre de 2013

Tierra en llamas

Reforma

Sábado 5 de Octubre 2013


Tierra en llamas

José Luis Lezama



Estocolmo y Acapulco son dos ciudades separadas por grandes distancias, geográficas, sociales, políticas, ambientales, culturales, de desarrollo y bienestar. Son a la vez un buen ejemplo de las brechas que dividen al norte del sur, al desarrollo del subdesarrollo. Las dos ciudades invitan a mirar el mundo de maneras distintas, con percepciones distintas sobre lo bello, lo bueno, lo no bueno, sobre el presente y el futuro. Es posible que los pobres de ambas ciudades tengan una imagen disímil del cielo y del infierno.


No obstante, el mes pasado parecieron unidas por una extraña hermandad, una afinidad diferente a la que obsequia el hermoso paisaje natural que, a su manera, comparten. Del 23 al 27 de septiembre el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) llevó a cabo en ¿Estocolmo una reunión para dar a conocer la primera parte de su Quinto Reporte de Evaluación sobre la Situación Climática Mundial (AR5) en el que se reafirma, no sin cierta arrogancia, como sumamente probable (“95 por ciento de certeza científica”), que el aumento promedio en las temperaturas de la superficie terrestre planetaria a lo largo del siglo XX, el llamado calentamiento global, se debe a factores humanos, particularmente a la quema de combustibles fósiles y la deforestación.


Los expertos reunidos en Estocolmo parecían estarle explicando a los habitantes de Acapulco las causas de su tragedia, aún cuando no pudieran hacerlo con tanta certeza científica. Acapulco, no obstante, pudo brindarle a los expertos elementos adicionales, una mayor precisión a sus conjeturas no sólo de las causas, sino de las consecuencias de la variación climática. Pudieran incluso alcanzar el ansiado cien por ciento de certeza científica, si se aventuraran a analizar los factores y las responsabilidades de la exitosa construcción social, económica y política del riesgo que en Acapulco generó decenas de miles de víctimas, particularmente entre los más pobres. Podrían descubrir con la precisión que los funcionarios mexicanos involucrados no quieren tener, quiénes fueron los ganadores y los perdedores; los nombres de los promotores, las oficinas municipales, estatales y federales involucradas, revisar los planes, lo permisos, la puesta en práctica de las normas urbanas y ambientales para construcción y ocupación de la ciudad; pudieran revisar los registros de los solicitantes de cambios de uso del suelo, de las autorizaciones, de las concesiones otorgadas, cuáles fueron los mecanismos para su obtención; Punta Diamante tiene nombres, desarrolladores, firmas inmobiliarias.


Los expertos convocados por el IPCC, pudieron haberse reunido en Acapulco para presentar su informe del clima planetario. De haberlo hecho, podrían haber trasmitido con mayor vehemencia, fuerza y veracidad algunas de esas consecuencias perversas, apocalípticas a veces, que anuncian para el futuro planetario. Acapulco hubiera sido también un buen ejemplo de los muchos otros factores que predisponen a las ciudades, a sus pueblos y a su gente a la tragedia. Factores que tienen poco que ver con el cambio climático y mucho con el amplio beneficio económico de la ilegalidad. Pudieran también tener datos precisos sobre esa tremenda fuerza productora de vulnerabilidad y catástrofe, la pobreza, que en Acapulco abunda y se esparce inquietantemente.


Para poner otro ejemplo menos abstracto, tendrían elementos claros sobre la forma sistemática en la que se construye una ciudad al margen de la ley, como fuente de riqueza abundante, rápida y fácil para los especuladores del suelo, agentes inmobiliarios y funcionarios que operan, lo mismo en las zonas pobres, que en las de altos ingresos.


La elección de Estocolmo para dar a conocer el Quinto informe no fue casual. El sitio desde el que se quería comunicar, urbe et orbi, las nuevas del mundo tenía que ser el de una ciudad amigable, hermosa, en aparente armonía con su entorno. Desde el Brewery Conference Centre se puede mirar el mundo de manera más positiva, se puede ser más optimista, la obra de la creación y la del hombre parecen haber logrado una cierta conciliación; la vista de la ciudad, particularmente hacia la ciudad antigua, hacia la Gamla Stan, es espectacular, imponente y delicada. El aire de la ciudad es de los más limpios de Europa, las áreas verdes abundan y los gobiernos de la ciudad se han propuesto la meta de eliminar los combustibles fósiles para el año 2050. Estocolmo tiene pedigrí ambiental; en 1972 tuvo lugar allí la primera cumbre mundial sobre el medio ambiente y en 2010 fue premiada como la Capital Verde de Europa. El mensaje que el IPCC deseaba mandar al mundo tenía que ser positivo y alentador. Acapulco hubiera tal vez mandado el desalentador mensaje de un modelo exitoso para fabricar pobreza y vulnerabilidad, el lado oscuro de la modernidad, uno de esos sitios donde se reproducen a plenitud y perpetuidad las condiciones de vida de los condenados de la Tierra que el progreso requiere. www.joseluislezama.com

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