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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 16 de noviembre de 2013

China, utopía verde

Reforma

Sábado 16 de Noviembre 2013
  

China, utopía verde
José Luis Lezama


Todo lo que ocurre hoy día en China luce espectacular, extraordinario, hay incluso en el mundo exterior una tendencia mediática a exaltar lo que allí tiene lugar, sus logros materiales, el crecimiento de su economía, sus grandes proyectos, sus promesas a futuro. Es un país de moda -igual que otros como India y Brasil- al que se quiere poner de ejemplo, no de manera ingenua, sobre las posibilidades de las reformas, la liberalización de los mercados, la libre movilidad del capital, no del trabajo, para acceder al desarrollo y al bienestar.

El 12 de noviembre el presidente Xi Jinping anunció los acuerdos obtenidos por los líderes del Partido Comunista para ahondar en las reformas y la liberalización: “darle al mercado un papel decisivo” como mecanismo de distribución de recursos y desenganchar la economía de las grandes industrias contaminantes. Para el primer objetivo en septiembre se adelantó un experimento: crear una zona de libre comercio al este de Shangai. En lo ambiental el esfuerzo parece enorme; el anterior presidente Hu Jintao también lo ofreció sin grandes resultados.

China ocupa muchos primeros lugares. Es el país más poblado, el tercero en extensión; está considerada la segunda economía del mundo; es el primer consumidor de energía, el más grande exportador de manufacturas a escala mundial y también el más importante importador, entre otras cosas de materias primas. Produce 40% de todo el acero mundial y sus redes de trenes de alta velocidad pronto llegarán a ser las más extensas de todos los países del mundo juntos y, para quienes le reprochan su pobre desempeño ambiental, en el 2010, con una inversión de 34 mil millones de dólares en tecnología limpia, superó a Estados Unidos, que destinó 18 mil millones en este rubro, que algunos quieren ver como inversiones a favor del medio ambiente: es el principal fabricante de paneles solares del mundo.

Pero China es hoy día también el primer productor de gases de efecto invernadero, particularmente CO2 y posiblemente el país más contaminado del planeta. Ha construido desde 1950 cerca de 22000 presas de más de 15 metros de altura, la mitad de las que existen en el mundo (C. Lewis, The Guardian 4/XI/2013). Muchas de ellas han provocado grandes desplazamientos de población, inundado pueblos y bosques, y han afectado gravemente diversos ecosistemas, secando lagos y humedales, interrumpiendo las rutas migratorias de peces y provocando riesgo sísmico.

Lo más difundido mediáticamente es la contaminación de sus centros urbanos. China posee 15 de las ciudades más contaminadas del mundo. Beijing registró el 14 de enero una inmensa concentración de sustancias tóxicas en la atmósfera, que en algunas zonas llegó a 900 microgramos por metro cúbico. Hace unas semanas la ciudad de Harbin en el norte de China, superó todos los records ambientales al registrar concentraciones de PM2.5 de 1000 microgramos por metro cúbico, equivalente a 40 veces los niveles de seguridad establecidos por la OMS. La propia OMS acaba de publicar un informe dando pruebas de que la contaminación provoca cáncer. En la mayor parte de las ciudades severamente afectadas por la contaminación ha aumentado considerablemente el cáncer de pulmón y los tumores malignos.

Cumplir las promesas ambientales del presidente Xi Jinping tal vez no sea imposible. No obstante requiere otro modelo de desarrollo, enfrentar intereses y factores de poder. Por ejemplo, vencer las resistencias de los cuadros técnicos-ingenieriles con gran influencia en la burocracia gobernante, partidarios del crecimiento a toda costa y quienes alegan que el crecimiento económico por sí mismo permitirá alcanzar el desarrollo, superar la pobreza, la desigualdad y lograr el bienestar.

Requiere también un verdadero cambio cualitativo en las conductas de consumo y ambientales de una clase media que se estima en 300 millones de personas, con un poder inmenso para influir para bien o para mal en el destino de China y del planeta; demanda también la construcción de una verdadera y amplia sociedad civil, que muestre la capacidad transformadora de la ciudadanía. Hoy día existe un importante movimiento ambiental que ha logrado detener proyectos petroquímicos, grandes presas, e inmensas instalaciones metalúrgicas generadoras de sustancias peligrosas. Los éxitos logrados por esta protesta, inicialmente más tolerada que la de naturaleza política y de derechos humanos, la hace ya indeseable para la alta burocracia y los poderosos directivos de las grandes empresas estatales.

Xi Jinping quiere mostrar que tiene el control de los hilos del poder. El reto es sin embargo inmenso; va más allá de cualquier buen deseo. No sólo tiene que lidiar con los problemas ambientales producto de la etapa de capitalismo salvaje actual, sino con los que vendrán con la instalación plena de una economía de mercado, similar a los países desarrollados que hoy día comandan la economía mundial, principal responsables de la crisis ambiental. www.joseluislezama.com

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