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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 30 de noviembre de 2013

Verde Varsovia

Reforma

Sábado 30 de noviembre de 2013


Verde Varsovia
José Luis Lezama


La planeada destrucción de Varsovia por la Alemania nazi, por ser un “centro de corrupción y revuelta”, es una muestra de la ilimitada capacidad humana para el odio y la maldad, pero también de la voluntad de sus habitantes para reconstruir su pasado y recuperar la esperanza. Para 1944 alrededor del 80 por ciento de la ciudad había desaparecido de la faz de la Tierra, cientos de miles de sus habitantes asesinados, deportados o esclavizados y un total de seis millones de polacos muertos, la mitad de ellos judíos.

Polonia no es sólo evocada por sus abominables campos de concentración y su aterrador testimonio del holocausto, también lo es por sus hombres ilustres. Fue la tierra de Chopin, Marie Curie y del más grande símbolo de la revolución del pensamiento científico moderno, Nicolás Copérnico.

Del 11 al 23 de noviembre, Varsovia fue sede de la última reunión de Naciones Unidas sobre el cambio climático. Ésta, que puede llamarse la cumbre climática de la ambigüedad, constituye la ratificación de la imposibilidad de llegar a acuerdos sobre un problema, el cambio climático, cuando la mayor parte de los países se benefician del desacuerdo y del statu quo,compartiendo el principio básico de que la mejor manera de lidiar con la naturaleza es mediante la sistemática, inmediata y compulsiva explotación de sus riquezas, tratándola, como diría Kofi Annan, como si el mañana no existiera.

Elegir como sede a un país con un historial ambiental dudoso no deja de mostrar, por decir lo menos, ambigüedad. Polonia depende del carbón para generar el 90 por ciento de su electricidad, considerándose este mineral fuente imprescindible de riqueza y de votos para las principales fuerzas y partidos políticos, quienes compiten en sus lisonjas a la industria del carbón y celebran las promesas del fracking para liberarlos de la tiranía del gas ruso.

Polonia no sólo se ofreció como anfitrión de la cumbre climática, al mismo tiempo cobijó la Reunión Internacional de la Industria del Carbón inaugurada, paradójicamente, por Cristiana Figueres, responsable del combate al cambio climático de Naciones Unidas. A menos de un kilómetro de allí, en el Estadio Nacional de Polonia, los líderes ambientales del mundo debatían sobre las estrategias económicas y políticas más baratas para detener un calentamiento planetario provocado, entre otros, por la industria del carbón, a cuyos potentados quería convencer la señora Figueres de sus desconsideraciones con el clima del planeta.

En pleno desarrollo de la reunión de Varsovia, en parte auspiciada por la General Motors y la BMW, ambas acusadas de financiar a los clima-escépticos y a los negadores del cambio climático, el ministro de medio ambiente de Polonia Marcin Korolec, principal organizador y presidente de la Reunión, fue destituido por su gobierno, entre otros motivos por no mostrar suficiente entusiasmo por el shale gas.

Los acuerdos de Varsovia se sintetizan en la creación del llamado Mecanismo de Varsovia sobre Perdidas y Daños,que consiste en compensaciones financieras voluntarias de los países ricos a los pobres por los eventos climáticos extremos, supuestamente provocados por las emisiones del mundo desarrollado. También se llevó a término otra promesa, el llamado mecanismo para la reducción de emisiones por deforestación conocido como REED+.

Con esta reunión se cumplen 21 años de negociaciones para enfrentar el cambio climático que, a decir de los expertos, amenaza la estabilidad y la vida planetaria. Después de 19 rondas de negociaciones, nadie da muestra de querer enfrentarlo asumiendo los costos, nadie cumple los compromisos, nadie quiere arriesgar sus mercados. Mientras tanto, los discursos abundan, los actores transitan del drama al melodrama, el enviado de Filipinas en huelga de hambre, todos mostrándose seducidos por la proximidad de la catástrofe, el fin del mundo. Cada año más de 10 mil personas se movilizan para salvar al planeta dejando su consecuente huella de carbono. Las emisiones, impávidas, siguen su marcha ascendente, especialmente en lo que resta para el 2020, periodo en el que nadie está obligado a nada. Australia y Canadá se han retirado y Japón anunció que, debido a Fukushima, no sólo no cumplirá con sus compromisos, sino que aumentará sus emisiones en 3 por ciento al 2020. Queda aún el sueño de un acuerdo en París en el 2015. Por lo observado y lo obtenido en Varsovia y en las 18 cumbres anteriores, París 2015 será sólo una fiesta.

www.joseluislezama.com

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