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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 14 de diciembre de 2013

Riesgo nuclear

Reforma

Sábado 14 de Diciembre 2013


Riesgo nuclear

José Luis Lezama


El Teniente general James Kowalski, responsable de todas las armas nucleares de la fuerza aérea estadounidense, parece tenerlo todo claro en materia de riesgo nuclear. Su mayor preocupación hoy día no proviene de un ataque sorpresivo de ruso, sino de de un accidente con efectos catastróficos: “alguien haciendo algo estúpido”. No es para menos, Estados Unidos ha construido alrededor de 70 mil armas nucleares y hoy día, no obstante el fin de la guerra fría, cuenta con 4650 armas nucleares. Rusia, por su parte tiene cerca de 1500 de las llamadas estratégicas de largo alcance, y alrededor de 2000 de alcance menor, con dedicación especial para el llamado teatro europeo.
Lo que le quita el sueño  al señor Kowalski tiene más que ver con las llamadas Broken Arrows, es decir, accidentes con armas nucleares susceptibles de generar daño y destrucción masivos. La industria nuclear está llena de situaciones de alto riesgo. En algunas de éstas la catástrofe ha sido sólo evitada por algo muy parecido a la buena suerte. Un estudio de 1970 encontró que de 1950 a 1968 se produjeron 1200 accidentes relacionados con armas nucleares; el Pentágono sólo reconoce 32 Broken Arrrows.
Algunos de éstos son verdaderamente preocupantes. Este fue el caso de la pérdida de media docena de armas termonucleares por alrededor de 36 horas, o el lanzamiento accidental en 1961 de dos bombas con un poder destructivo 260 mayor que el de Hiroshima en Goldsboro, Carolina del Norte, cuando un bombardero B-52 en vuelo de rutina en la costa este de Estados Unidos cayó en picada, liberando las bombas, que no explotaron gracias a que, a pesar de la falla de tres de los cuatro sistemas de seguridad, el interruptor final, impidió la explosión nuclear; o el B-52 incendiado en septiembre de 1980 en Dakota del Norte cargado con12 bombas de hidrógeno (The Guardian 14, 20/IX y 25/X/2013).
En escenarios no militares, como la industria y la medicina, el uso de la energía nuclear no deja de ser problemático. Se sabe de sobredosis dañinas con equipos de radioterapias obsoletos o mal calibrados  en tratamientos de cáncer. También  del robo de basura radiactiva  que pudiera ser utilizado por terroristas, o el hurto de equipos hospitalario vendidos en deshuesaderos. La mañana del 17 de enero de 1984 el chofer de un camión de carga se desvió involuntariamente de su ruta en territorio estadounidense. Circunstancias difíciles de entender lo aproximaron a las inmediaciones del Laboratorio Nacional de los Álamos en Nuevo México, precisamente donde se construyó la primera bomba atómica. Las alarmas se activaron, detectándose material radiactivo en el vehículo, consistente en productos metálicos originarios de ciudad Juárez.
Lo mismo que el material radiactivo robado recientemente en Tizayuca, el que hizo sonar las alarmas nucleares de Los Álamos, provenía de un equipo de radioterapia conteniendo cobalto 60, utilizado para tratamientos contra el cáncer, vendido como fierro viejo y fundido para fabricar varillas y otros productos metálicos.
En Estados Unidos el material contaminado fue localizado y devuelto a México. En México la varilla contaminada fue utilizada en al menos16 entidades. Unas cuantas construcciones fueron derruidas; en otros casos se desconoce el destino de estos materiales. Noventa y seis toneladas de las varillas contaminadas recuperadas de este episodio descansan hoy día en el Centro de Almacenamiento  de Desechos Radiactivos de Temascalapa, estado de México, que es el mismo sitio al que fue traslado el cobalto 60 robado, abandonado y recuperado el pasado 10 de diciembre en esa misma entidad.
El riesgo asociado a la utilización, almacenamiento, transporte y disposición final de material radiactivo, como los casos de equipo de radioterapia aquí descritos, son una verdadera amenaza para la seguridad pública, sobre todo en un país con sistemas precarios de seguridad y capacidades dudosas de respuesta inmediata. Casi pasó una semana desde la fecha en que fue encontrado el material radiactivo hasta su recuperación. Por lo observado, no se cuenta con un sistema que monitoree y proteja el transporte de estos equipos de uso común en hospitales del país; no sabemos tampoco mucho sobre la seguridad de los sitios de almacenamiento. Las autoridades no sólo deben proveernos discursos sobre nuestros sistemas de seguridad nuclear, sino de muestras verdaderas de una política efectiva de manejo de desechos peligrosos y radiactivos. www.joseluislezama.com

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