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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 28 de diciembre de 2013

Marx en el Vaticano

Reforma

Sábado 28 de Diciembre 2013

Marx en el Vaticano
José Luis Lezama

"Cuando doy comida a los pobres dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué los pobres no tienen comida me llaman comunista". Hélder Câmara

Desde el amplio balcón de la Basílica de San Pedro que da a la gran plaza, ante un público cercano a las setenta mil personas que, en estado éxtasis, aguardan su palabra, circundado por un escenario que impone e invoca un poder más allá del terrenal, investido con este inmenso poder, al que en apariencia se opone, el Papa Francisco pronunció su primer mensaje de navidad. Se dirige a los pobres del mundo, a los Condenados de la Tierra, a quienes busca restituirles lo último que han perdido, la esperanza. Habla también a los niños, a quienes padecen guerra, a los ancianos y las mujeres maltratadas. Su lenguaje es directo, coloquial, lo mismo que su aproximación a la gente, su contacto emocional y corporal con los desvalidos. Sus gestos, por momentos, no parecen los del vicario de Cristo, sino los del hombre de la calle, desprovistos de lo formal y litúrgico. Sus actos públicos se expresan con versatilidad: besando los pies de una mujer, sorprendiendo con una llamada telefónica a un ciudadano que le ha demandado consuelo, o fotografiándose con los opositores del shale gas.
El papa es hoy día un fenómeno público. Algunos de sus actos refuerzan la percepción popular de que algo está cambiando en una iglesia hasta hoy ganada por el poder, la hipocresía y  la corrupción. Desechó privilegios y fastuosidades propias de la figura papal; habita un modesto hostal en el Vaticano, utiliza un automóvil de segunda mano. Su predica a favor de los pobres, la austeridad, la humildad, contra el despilfarro y la sociedad de consumo parecen darle nueva vida a la iglesia. Ha sido nombrado hombre del año por Times y la revista gay, The Advocate; fue la persona más mencionada en Internet en el 2013, su nombre es el preferido para los hijos en Italia. De paso aumentó el turismo, así como la asistencia a las iglesias católicas de Italia.
Su Exhortación Apostólica, La Alegría del Evangelio de noviembre, entusiasmó a muchos e indignó a otros. El papa llama la atención sobre los excesos del capitalismo, cuestiona la tendencia materialista de nuestra época, la pérdida de los valores humanos y la preeminencia del mercado y el lucro; cuestiona los principios de un sistema económico que convierte a los humanos en una mercancía más, para ser consumida y desechada; habla de la tiranía de la economía y condena lo que llama la idolatría del dinero, causantes de la desigualdad y la exclusión que “consumen y matan a la gente”.
En su Exhortación Apostólica critica por ingenua y ficticia la llamada teoría económica del goteo, que supone que el crecimiento económico impulsado por el libre mercado traerá bienestar y justica social por sí mismo; la idea del vaso que después de llenarse empieza a gotear la riqueza hacia los pobres. El papa no cree en la bondad de los poderosos para remediar la pobreza y la desigualdad. No se opone al capitalismo, sino a sus excesos y alejamiento de los valores humanos, sobre todo en épocas de desregulación servil, de capitalismo brutal, de reformas estructurales, de libre circulación de capitales y del imperio de las grandes corporaciones.
Algunos se muestran alarmados por el estilo y las ideas del papa Francisco. En Estados Unidos el comentarista de radio Rush Limbaugh considera La Alegría del Evangelio la más pura expresión de la doctrina marxista; nada sorprendente en quien califica de comunista al presidente Obama y a su secretario de Estado John Kerry. Sarah Palin fue al menos clara en sus limitaciones: llamó al papa algo así como un liberal desmedido.
El papa niega la filiación marxista que se le atribuye, enfatizando que el  marxismo es una ideología equivocada. Su crítica puede ser acusada de muchas cosas, pero no de irrelevante. Toca fondo no sólo en el contexto en el que la lleva a cabo, en el seno y la sede del poder de la iglesia católica, sino también fuera del ámbito apostólico.
De muchas maneras amenaza al statu quo, no sólo del mundo católico, sino a la fábrica de exclusión y desigualdad que comparten católicos y no católicos en su obsesivo culto al dinero, en ese juego de la competencia en el que “el más poderoso está autorizado a comerse al más débil”. Su evangelio posee un inmenso potencial renovador, al devolverle a la gente la más poderosa fuerza transformadora, la confianza en sí misma y la recuperación de la esperanza. www.joseluislezama.com

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