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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

viernes, 27 de junio de 2014

Los hombres de madera

Los Hombres de Madera
 José Luis Lezama



Cada año llegan, como un recordatorio, a remover nuestro olvido, nuestra desmemoria, nuestra condescendencias, con el Dios, cualquier Dios, todo Dios, el poder, todo poder, cualquier poder. Vuelven de manera cíclica, cada año, puntuales a la cita, con la puntualidad de las mariposas y de los peces en sus programadas visitas a los bosques y las aguas del sur.  Son la expresión de una obstinación, de una terquedad, inscrita tal vez en los códigos genéticos, en la memoria, como un mandato también, una reiteración permanente, el cumplimiento de una voluntad, de un propósito, la liberación de la tribu de un Dios perverso, que los crea y descrea, que los habilita y deshabilita como humanos, a capricho; que los encumbra y los degrada.

Son la expresión de una necesidad, de una búsqueda de salvación, de una restitución, reivindicar a la tribu y  la más amplia, universal redención, la posibilidad de la permanencia de las fuerzas que animan la Tierra, la constante reinstauración del principio de la vida en el cosmos, el sol vencedor del inframundo, que cada mañana anuncia la renovación y la reinstalación de los seres  y la esperanza en el mundo.


            Llegan puntualmente, pero no llegan solos, llegan en compañía, la del tiempo presente y la compañía del pasado, de la historia, del mito, de la cosmogonía. Llegan a salvar el mundo, a darle ánima, ánimo, sueños, ilusiones. Llegan a expresar su necesidad de ser, la posibilidad de vencer, de trascender la muerte, la humillación y el poder.

Saben que el mundo está en juego, en peligro, su mundo de vida y el nuestro, aunque nosotros lo ignoremos; pero ellos lo saben, todo el pueblo lo sabe, cada barrio, cada persona, la gente lo sabe, La Tribu de los Cojóes, de Los Hombres, de Las Efigies de Madera, padece, igual que nosotros, de la maldad de un Dios perverso que los maltrata y humilla, por eso en algún momento decidieron enfrentarse a este Dios, a su poder, a sus personificaciones y a sus guardianes; decidieron enfrentarse al Dios, vencerlo y realizarse como tribu, como pueblo, como humanos plenos. La tribu, Los Cojóes lo hacen cada año, lo logran cada año, la conquista de su ser humano.

No es un secreto, aunque a veces nadie lo note, pero el mensaje está allí, el pueblo lo guarda, lo conserva, lo vive, lo ejecuta cada año, como una necesidad, una obligación, una propuesta de ser, un recurso para trascender las miserias del mundo. El Popol Vuh se nutre de ellos, de sus vidas, sus motivos, es la escritura, la reflexión, el diario, la narración de sus proezas. Y está allí para recordar, recordarnos, para no olvidar, para reiterar el compromiso con la vida, porque la tribu, Igual que nosotros, padece a veces del mal del olvido, obra quizá de los mismos dioses.


            Llegan cada año, llegan pues a recordar, a recordarnos, a corregir nuestro olvido; saben que también nosotros, Los Hombres de Madera de hoy, de este tiempo, padecemos la misma desmemoria, debida a las mismas causas, dioses perversos impidiendo, limitando, nuestra capacidad de ser, de ver; dioses de la perturbación, que nos degradan, que nos reducen a Hombres de Madera. Es ésta, desde luego, la historia de Los Cojoes, la Tribu de los Hombres de Madera que llegan al concluir cada ciclo, dispuestos a cumplir su misión, a reconstituirse como hombres plenos, a recordarnos, a alimentar nuestra memoria, a traernos el recuerdo de aquello que solemos olvidar, aquello que se pierde en nuestra menguada memoria, la existencia del Dios, de los dioses, poderoso Dios de la muerte. Por eso cada año Los Cojoes, La Tribu de los Hombres de Madera retorna a enfrentarse y a vencer al Dios Pochó de la muerte, para que el mundo siga su marcha, para lograr la gran hazaña de vencer a las fuerzas de la muerte y la desesperanza. 



            Ocurre en Tenosique, allí retornan recurrentemente Los Hombres de Madera, la Tribu de los Cojoes, la tribu de los vencedores de la muerte, a enfrentarlo de nuevo, a vencerlo de nuevo, a enseñarnos su poder, su fuerza, a decirnos de nuevo que ningún Dios, ningún poder están para siempre en la Tierra, que nada los puede detener en su intento por conquistar su propia vida. (http://joseluislezama.com/index.php/9-uncategorised/215-pocho-veteranos).



Por ello cada año vuelven, cada año retornan a despertarnos de un sueño, a dejarnos su mensaje y su enseñanza. La Danza del Pochó no es un carnaval, no es una comparsa, no es una danza, una representación teatral: son Los Cojoes, Los Hombres, Las Efigies de Madera, un pueblo real, destruidos por los dioses ante la vergüenza de sus fallidos intentos creadores, son hombres reales, destruidos por los dioses y acusados de ingratitud, irreverencia y desmemoria; aniquilados con violencia por los dioses, muertos sin pudor por los dioses, y vueltos a construir, con la pulpa del maíz para no fallar, para engendrar seres perfectos, hombres esta vez creados como dioses, pero de nuevo vueltos a degradar por dioses caprichosos, retornados a la condición humana, a la condición de Hombres, Efigies de Madera.
No es una danza, es la Tribu de los Cojoes, de Los Hombres de Madera que busca su reconstitución humana, su condición humana plena que les fue arrebatada. No es una danza, no es una comparsa, son hombres reales que luchan y logran la hazaña de vencer a los dioses de la muerte, al Dios Pochó que los maltrata y humilla, a 1 Muerte, vencer a 7 Muerte, perpetradores del polvo y la destrucción; dioses del bajo mundo, del inframundo, de los bajos fondos del Xibalbá, con sus12 señores de la muerte.
http://joseluislezama.blogspot.mx 

Nota

La Danza del Pochó se escénica cada año, durante más de un mes, del 20 de enero al martes del carnaval, previo al miércoles de ceniza. Tiene lugar en Tenosique, zona maya de Tabasco en la frontera con el Departamento del Petén, Guatemala, cuya principal ciudad fue Pomoná, que floreció en el Postclásico, del siglo VI al IX. Esta ciudad reivindica su importancia dentro del mundo maya por contar con un glifo insignia de ciudad. Tuvo contacto estrecho con Calakmul, Piedras Negras, Toniná y Palenque, quien le impuso por años un tributo de jade, al resultar perdedora en las alianzas políticas en las que se comprometió en distintos momentos históricos.

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